martes, 18 de febrero de 2014

EN BUSCA DE LA BIOLOGÍA III

Reflexiones sobre la evolución (viene del post anterior)

Lo cierto es que el oportuno rebrote de la discusión entre creacionistas y
darwinistas y su entusiasta acogida por parte de estos últimos, ha sido el mayor refuerzo
que ha recibido el darwinismo en toda su historia. La “inteligente” estrategia de los
creacionistas (y su confusa variante del Diseño Inteligente), de rebatir la enormes
“lagunas” reales que presenta el darwinismo en la actualidad y recurrir a
descubrimientos y conceptos muy actuales, como la complejidad de la información
genética y de la elaboración de los organismos, la teoría de sistemas, las propiedades
emergentes, los “saltos” del registro fósil… hace que estén sentadas las condiciones
para que los darvinistas siembren sospechas sobre la condición de “creacionista
encubierto” de cualquier científico que utilice cualquiera de esos términos o
argumentos.

 La confusión está “creada”.

Pero esta falsa polémica, produce la impresión de ser el (con un poco de suerte) 
último recurso para intentar mantener una concepción de la vida apoyada por 150 años 
de explicaciones retóricas, la mayoría de ellas con un gran derroche de ingenio, de 
identificar el hecho de la evolución con la “teoría” darvinista, única posible y única 
existente, de “depuración” de las ideas de Darwin mediante la ocultación de las “menos 
adecuadas” o “políticamente incorrectas”. De ignorar o tergiversar a los precursores y 
silenciar voces disidentes, a veces, mediante métodos poco edificantes. Pero también, de 
desperdicio de inteligencias, que podrían haber realizado grandes aportaciones, por la 
manera en que han sido formadas y por el control sobre “las malas ideas”. De encauzar 
la investigación (y sus aplicaciones) por un camino descontrolado y “aleatorio”, dada la 
falta de una base realmente científica sobre la que trabajar. 
Uno de los argumentos más reiterativos utilizados para exaltar el darwinismo es 
que constituyó “una gran impulso” para la Biología. Cabría detenerse a recapacitar 
sobre la verosimilitud de la idea de que la ausencia de las ideas darvinistas habría 
impedido los descubrimientos científicos y los progresos tecnológicos que, 
inexorablemente, se han producido en los últimos años. Pero también cabría considerar 
si este impulso no la sacó del camino.

Retomando el camino

Resulta paradójico, casi se podría decir absurdo, que el éxtasis que, para un 
profano, produce contemplar la belleza y la armonía de la Naturaleza, resulte para un 
biólogo poco menos que un engaño, una superstición producto del desconocimiento. 
Porque, como “sabemos” los biólogos, detrás de esa “aparente” belleza hay una fea 
realidad. La investigación científica nos “revela” que los seres vivos, los animales, las 
plantas compiten implacablemente por sobrevivir, entre distintas especies, dentro de 
cada especie y hasta de la misma camada. En suma: una Naturaleza de dientes y garras 
tintas en sangre (se debería añadir “y de hojas y flores tintas en savia”). 
 Aunque la forma en cómo se concibe la Naturaleza tiene un evidente y estudiado 
componente cultural que se puede inscribir también en un contexto histórico que, en el 
caso que nos ocupa, es el período en el que coinciden la revolución industrial y con la 
máxima expansión colonial británica (cuyas consecuencias describe claramente Darwin 
en “El origen del hombre”), la actitud ante la Naturaleza, la impresión que ésta produce, 
tiene, por fuerza, un componente individual, derivado de la propia personalidad y del 
conocimiento y la relación que se ha tenido con ella. Se podría acudir al origen, al 
“autor” de la transformación de esta truculenta concepción en explicación científica, 
para comprender este componente individual, es decir, cual puede ser la impresión de 
una persona habituada a un entorno extremadamente domesticado y de carácter 
pusilánime e hipocondríaco (Darwin, Ch. R., 1876), ante la observación de la 
Naturaleza “salvaje” y compararla, por ejemplo, con la concepción acogedora y 
generosa que de ella tiene un indígena de la Amazonia o un poblador de cualquier otra 
selva tropical. Cabría esperar que la visión de los biólogos debería estar más próxima de 
la de estos últimos, de los que de verdad la conocen, y resulta descorazonador, si nos 
detenemos a pensar sobre ello, que la concepción que se ha convertido en científica, la 
que nos han “enseñado” a los biólogos, sea la de una persona que contempla la 
naturaleza desde fuera, como algo hostil y ajeno. La idea de una Naturaleza en la que 
cada cual tiene su sitio, en la que todos sus componentes son necesarios y en la que 
unos necesitan de otros para existir resulta para los darwinistas, por algún motivo digno 
de estudio, un “enigma”. Veamos un ejemplo de investigación publicado en una revista 
científica “de alto impacto”sobre las explicaciones “biológicas” de la existencia de 
cooperación: The emergence and maintenance of cooperation by natural selection is an 
enduring conundrum in evolutionary biology, which has been studied using a variety of 
game theoretical models inspired by different biological situations. The most widely 
studied games are the Prisoner's Dilemma, the Snowdrift game and by-product 
mutualism for pairwise interactions, as well as Public Goods games in larger groups of 
interacting individuals. (Hauert, C.et al., 2006) 
 Aquí me parece oportuno un inciso para comentar uno de los tópicos que 
determinan la investigación (y la carrera profesional) de los biólogos. Al parecer “el 
inglés es el idioma científico, y lo que no está publicado en inglés, no existe”. Sin 
embargo, se pueden ver abundantes artículos del tenor del comentado y aún más 
absurdos, (Evolution: The good, the bad and the lonely. Michor y Nowak, 2002) hasta 
el extremo de resultar ridículos para una persona razonable, publicados en las revistas 
más importantes del ámbito anglosajón. Unos artículos que, probablemente, harían que 
el editor de alguna de las, al parecer, minusvaloradas revistas de lengua hispana 
recomendase al autor una visita al psicólogo. Porque, si los biólogos, las personas que 
tienen esta concepción científica de la realidad actuasen consecuentemente en sus
 actividades habituales, su vida (y las de los que les rodeasen) debería de ser un 
verdadero infierno. Sin embargo, parece más que probable que sus vidas transcurran 
totalmente al margen de sus ideas científicas, incluso que sean personas generosas y 
solidarias (una especie de “mutantes”, según su base teórica) y que se limiten a trabajar 
sobre conceptos que se repiten mecánicamente sin detenerse a pensar muy 
profundamente sobre sus implicaciones. 
Y la muestra más espectacular (dramática) de esta repetición sistemática de 
concepciones superficiales y al margen de la realidad es la que constituye el 
“experimento” de la Biston betularia, el “icono de la evolución”. Su presencia en los 
libros de texto, en las clases de la universidad y en las páginas web de prestigiosas 
universidades, como introducción a “la evolución”, constituye una muestra más de 
cómo se pueden ajustar los datos a la teoría y de lo superficiales e inconsistentes que 
son sus pretendidas explicaciones sobre la evolución dirigida por la actuación de la 
selección natural. Comencemos por esto último: Supuestamente, el hecho de que las 
polillas del abedul tengan una variabilidad cromática que va desde el casi blanco a casi 
negro habría hecho que, ante el oscurecimiento, causado por la contaminación 
industrial, de los troncos de abedules, donde, también supuestamente, descansan 
habitualmente, hizo, según “observó” Kettlewell, que las polillas más claras fueran más 
visibles para sus pájaros depredadores, con lo que la población de polillas observadas 
(en un punto geográfico concreto de Inglaterra) pasó a ser mayoritariamente oscura. 
Esta sería la prueba más patente del “poder creativo” de la selección natural en el 
cambio evolutivo que, “con el tiempo” podría llegar a ser muy grande. Pero se olvida 
mencionar, por una parte, que las polillas supervivientes ya existían antes de la 
“selección”, absolutamente idénticas y por otra, que, por mucho que se repitiera el 
proceso, aunque fuera para otro supuesto carácter, las que sobrevivieran serían algunas 
de las existentes previamente, es decir, polillas. La narración se completa, a veces 
(Ayala, 1999), con el colofón de que, cuando se llevaron a cabo medidas contra la 
contaminación, las proporciones de polillas de los distintos matices pasaron a ser los 
“originales”, lo que convierte la supuesta prueba de la evolución en absurda. 
 Sin embargo, hace tiempo que existían sospechas sobre las pretendidas 
observaciones de Kettlewell. Las densidades de población de polillas del abedul en los 
bosques no son, ni mucho menos tan altas como figuran en las fotografías con que éste 
ilustró su “experimento”, lo que hizo pensar que lo había falsificado fijando polillas a 
los troncos con alfileres (Chauvin, 2000). Posteriormente, los entomólogos han 
realizado estudios exhaustivos sobre las polillas del abedul que han llevado a la 
conclusión de que, efectivamente sus densidades no son ni remotamente parecidas a las 
que se observan en las fotografías, pero, sobre todo, que no descansan en los tronco 
(Wells, 1999) salvo en, quizás, un 0,001% de las observaciones (Wolf-Ekkehard, 2003), 
sino en zonas no expuestas entre las copas de los árboles, por lo que los textos de 
biología y evolución deben ser revisados en el tema de la polilla moteada. Lo penoso de 
este caso es que incluso es posible que Kettlewell no pretendiese engañar a sus colegas. 
Se puede llegar a pensar que, al estar tan convencido de cómo tenía que ser, “ilustró” su 
convicción mediante un pequeño truco. Esto, naturalmente, no ha hecho que se elimine 
el “experimento” de los textos mencionados porque, ¿qué otra prueba visible de la 
actuación de la selección natural podrían poner en su lugar? 
En definitiva, y visto hasta dónde puede llevar la práctica de interpretar la 
Naturaleza en función de unas creencias previas, puede ser conveniente intentar un
 pequeño esfuerzo por “volver al camino”, por retomarlo donde quedó hace 150 años. Se 
podrían mencionar un buen puñado de “precursores” con ideas muy brillantes (ver 
Galera 2002), pero un buen punto de partida, puede ser “Filosofía Zoológica”(1809), el 
primer tratado dedicado íntegramente al estudio científico de la evolución con la clara 
concepción de que éste estudio es el que dota de base científica a la Biología: Nadie 
ignora que toda ciencia debe tener su filosofía (teoría), y que sólo por este camino 
puede hacer progresos reales. En vano consumirán los naturalistas todo su tiempo en 
describir nuevas especies / ... / porque si la filosofía es olvidada, sus progresos 
resultarán sin realidad y la obra entera quedará imperfecta. 
Para los que tenemos conocimiento de lo desafortunado que fue el momento de la 
presentación de la obra del republicano Lamarck a Napoleón (Casinos, 1986), de su 
ingente obra científica y del desdichado final de ésta, cuya impresionante obra “Historia 
natural de los animales sin vértebras” tuvo que dictar a la hija que le cuidaba ya que, 
expulsado de la Universidad tras la Restauración borbónica, pasó los diez últimos años 
de su vida ciego y en la indigencia, nos entristece pensar dónde estaría la Biología 
actual si las condiciones para la acogida de su obra y las del recibimiento de la de 
Darwin no hubieran sido las que fueron. Pero también nos apenan otras 
consideraciones: la concepción más general de la perspectiva lamarckista, cuyos 
“mecanismos” biológicos se están comenzando a conocer después de 150 años de 
negación de su existencia y de obstrucción de su investigación, es la capacidad de 
respuesta de los organismos a las condiciones ambientales, es decir, la influencia del 
ambiente en las características fenotípicas de los seres vivos. ¿No es posible imaginar 
cuanto dolor, cuantas injusticias y cuantas brutalidades de nuestra Historia (incluida la 
actual) se podrían haber evitado si la “concepción científica” de las características de los 
individuos, los pueblos las naciones, grabadas en sus “genes”, no las hubiese dotado de, 
al menos, justificación? 
Pero esa es otra historia (o tal vez no), así pues, volvamos al camino. Lamarck 
entendía sus aportaciones como el resultado, susceptible de verificación por otros 
científicos, del estudio empírico de la Naturaleza: Habré conseguido el objetivo que me 
propongo, si los amantes de las ciencias naturales encuentran es esta obra algunos 
puntos de vista y algunos principios útiles, si las observaciones que he expuesto en ella 
se confirman o si son aprobadas por los que han tenido ocasión de ocuparse de estos 
mismos temas… Pero también era consciente de la dificultad que tienen las ideas 
científicas “nuevas” (es decir, lo que deben de ser, por definición, las ideas 
verdaderamente científicas) para ser aceptadas, sobre todo, cuando en la ciencia hay 
implicados otros “intereses”: Sin embargo, muchas de las consideraciones nuevas que 
son expuestas en esta obra, desde su inicio prevendrán desfavorablemente al lector, por 
el único motivo de que las ideas ya admitidas van a rechazar a las nuevas. Como este 
poder de las ideas viejas sobre las que aparecen por primera vez favorece esta 
prevención, sobre todo cuando interviene un interés menor, resulta que a las 
dificultades que ya existen para descubrir verdades nuevas estudiando la Naturaleza, se 
le añaden las aún mayores de hacerlas aceptar. La concepción verdaderamente 
científica de la esencia, del sentido de la investigación científica y las intuiciones sobre 
las consecuencias de la intervención de “un interés menor” en ésta, resultan 
asombrosamente actuales. Y también la mayor parte de sus aportaciones sobre lo que se 
puede considerar los descubrimientos más “modernos” con los que la terca realidad ha 
desbaratado las concepciones más asumidas por la Biología “convencional”.
 Porque si nos remitimos a lo expuesto anteriormente sobre los descubrimientos 
recientes sobre el control de la información genética, la concepción lamarckiana más 
general, la del organismo como entidad fundamental sobre la que el ambiente ejerce su 
influencia, podría haber sido un punto de partida, una predicción, que habría preparado 
a los biólogos para comprender fenómenos que todavía parecen asumidos a duras penas, 
cuando no malinterpretados de una forma retórica y artificiosa: Que las circunstancias 
ambientales condicionan, no sólo la expresión de la información genética (fenómenos 
epigenéticos, control del splicing alternativo, estrés genómico…), sino la dinámica del 
proceso de desarrollo embrionario (Lachman, M. y Jablonka, E., 1996; Workman, C. T., 
2006; Hall, B, K., 2003; Richards, E. J., 2006;M. Li, C. M. y Klevecz, R. R., 2006; 
Tamkun, 2007; Muse, G. W., et al., 2007). Que el equilibrio y no la competencia es el 
cimiento fundamental de los ecosistemas (Proulx, S., Promislow, D.E.L. y Phillips, P. 
C., 2005; Bascompte, J., Jordano, P. y Olesen, J. M. 2006). Pero, sobre todo, sus 
intuiciones, fruto de su extraordinaria capacidad de trabajo y de observación, 
anticiparon la tendencia de las formas orgánicas a una mayor complejidad (Varabasi y 
Oltvai, 2004; Bornholdt, S., 2005; Aderem, 2005), la existencia de unas “leyes” (es 
decir, no “el azar”) que gobiernan la variabilidad de los organismos (LÖNNIG, W.W. y 
SAEDLER, H. 2003; Flores, M, et al., 2007) y que la capacidad de estos cambios están, 
de alguna manera, inscritas en los organismos (Wagner, G. P., Amemiya, C. y Ruddle, 
F., 2003; García-Fernández, 2005; Mulley, 
J. F., Chiu, C-U, y Holland, P. W. H., 
2006). 
En cualquier caso, y a diferencia de Darwin, Lamarck no trajo al Mundo “La 
Verdad” (Dawkins, 1975; Arsuaga, 2001) porque, él, como científico, sabía que en 
Ciencia no existe “la verdad” (ya que ésta sólo puede ser fruto de una “Revelación”) y 
sólo hay verdades parciales o aproximaciones a la realidad (verdades desconocidas, en 
su terminología). Pero aportó suficientes aproximaciones a la verdad para hacer posible 
la elaboración, a partir de ellas, de una base teórica verdaderamente científica para la 
Biología. Una base teórica capaz de incorporar coherentemente (es decir, no 
forzadamente) los datos y los conocimientos reales de reciente descubrimiento.

 Algunas aclaraciones previas

La elaboración, o la propuesta de un modelo teórico capaz de interrelacionar de un 
modo coherente los datos procedentes del registro fósil con los conocimientos 
biológicos de que disponemos en la actualidad y de estos entre sí, ha de partir, 
necesariamente, de los datos actuales (y no a la inversa, como parece ser lo asumido). 
Pero antes de pasar a comentar (obligatoriamente, de un modo superficial) las 
principales características y el posible significado de esta propuesta (Sandín 1997), creo 
conveniente un preámbulo para hacer unas aclaraciones sobre dos aspectos que pueden 
dificultar su interpretación como modelo de inspiración lamarckista. 
El primero, atañe a la “adecuación” de todas las ideas de Lamarck a los datos 
actuales. Parece razonable pensar que esto sería extremadamente improbable (al 
contrario de lo que parece suceder en “la” teoría), porque los avances tecnológicos han 
hecho posible llegar a un nivel de profundidad en las observaciones absolutamente 
impensables en su época. Sin embargo, no es difícil dilucidar cuales de sus ideas no son 
sostenibles en la actualidad ya que, al estar formuladas de una manera clara y metódica, 
son susceptibles a una crítica científica.
El segundo resulta más complejo. Se trata de un intento de clarificación de algunas 
confusiones, muy arraigadas en la terminología evolutiva, creadas precisamente por la 
confusión con que está planteado el darwinismo, tanto en su formulación inicial, como, 
muy especialmente, en sus posteriores “interpretaciones”.
 En cuanto al primer aspecto, Lamarck tenía una concepción gradualista de la 
evolución (transformación, en su terminología). Concebía ésta como un proceso gradual 
de adaptación a las condiciones ambientales. Sin embargo, los datos, tanto del registro 
fósil (Benton, M.J.. Wills, M.A. y Hitchin, R. 2000; Schefer, M. et al., 2001; Prokoph, 
A., Fowler, A.D. y Patterson, R.T. 2000; Hunt, G., 2007) como los procedentes del 
estudio del proceso embrionario ( Hall, 2003; Davidson, E. H. y Erwin, D. H., 2006; 
Schaefer, C. B. et al., 2007) nos revelan la existencia de procesos de cambio brusco de 
organización de los organismos, lo que, por otra parte, hace más adecuado el término 
“transformación” (Artur, W., 2006) empleado por Lamarck para definir el proceso. En 
cualquier caso, se puede seguir considerando como válida la concepción general 
lamarckista de la implicación del ambiente en los cambios porque se ha puesto de manifiesto,tanto en los procesos de adaptación(Cropley, J. F. et al., 2006;Ferguson-
Smith, A. C. y Greally, J. M., 2007; Benetti , R. et al., 2007) como en los cambios de 
organización (Hall, 2003; Reik, W., 2007 ), aunque, lógicamente, él jamás hubiera 
podido imaginar la existencia de fenómenos epigenéticos, elementos móviles, 
duplicaciones y reorganizaciones genómicas, genes homeóticos, etc., y el concepto de“estrés genómico”. 
El segundo problema resulta más arduo de analizar, pero no sólo por la confusión 
antes mencionada, sino porque hay concepciones tan asumidas que parece inconcebible 
dudar de ellas y sólo lo puede hacer el que está movido pos “intenciones ocultas”. Unas 
sospechas que resultan absurdas, porque, precisamente, la práctica científica 
fundamental es buscar los puntos débiles de las teorías vigentes para mejorarlas o, en su 
caso, cambiarlas. Veamos, pues, algunos de ellos. 
 Quizás el concepto que, desde mi punto de vista, genera más confusión, porque de 
él derivan otras arrastradas por las simplificaciones de la teoría convencional es 
confundir “el origen de las especies” con la evolución. Esto parece tan arraigado que, 
incluso muchos científicos críticos con el darwinismo hablan de la evolución en estos 
términos. No quisiera parecer innecesariamente “pedagógico” para muchos, pero sí 
parece necesario repetirlo para algunos: El origen de las especies, que era de lo que 
(suponía que) hablaba Darwin, es la especiación (cuyas únicas evidencias 
experimentales es decir, no mediante cálculos matemáticos, indican que están 
implicados “saltos” de elementos móviles (Bergman, C. M. y Bensasson, D., 2007; 
Wessler, S., 2007) que hacen posible que el cambio se produzca simultáneamente en un 
número considerable de individuos. Según nos revela el registro fósil, las especiaciones 
se han producido infinidad de veces en los distintos taxones (tras los grandes cambios 
de organización) sin dejar de ser unas diversificaciones dentro de un patrón morfológico 
básico, pero no son el supuesto “inicio” de los cambios de organización, porque las 
diferentes especies que surgen así se mantienen sin cambios sustanciales en su 
organización durante toda su existencia. Repito mis excusas (y el ejemplo), pero las 
libélulas han sufrido cientos, tal vez miles de especiaciones desde su “aparición” en el 
Carbonífero, sin dejar de ser libélulas. Es decir, cuando hablamos de, o “demostramos” 
la especiación, no estamos hablando de evolución, sino de variabilidad dentro de un 
patrón morfológico.
Otra confusión arrastrada por la anterior y que, a su vez, la “retroalimenta”, es la 
identificación de adaptación con evolución (la evolución como un proceso de 
adaptación gradual al ambiente), por ejemplo los mosquitos evolucionan haciéndose 
resistentes a los insecticidas (Ayala, 1999). Ya sabemos que existe una variada gama 
de procesos biológicos mediante los que los organismos responden a las condiciones de 
su entorno, es decir, mediante los cuales se ajustan, “se aferran” al ambiente. Esto no 
puede ser un mecanismo de cambio evolutivo sino, en todo caso, lo contrario. Los 
“mecanismos” de ajuste al ambiente son totalmente diferentes en sus procesos y en su 
significado de los que producen los cambios de organización, aunque éstos también 
estén desencadenados, en última instancia, por alteraciones en las condiciones 
ambientales. 
Pero quizás, lo que resulta más desalentador para el intento de depurar los 
conceptos científicos que se utilizan para describir procesos biológicos, algunos de una 
importancia verdaderamente trascendental, es la terminología derivada de la concepción 
de la Naturaleza de la “vieja” visión: las calificaciones que reciben todo tipo de 
fenómenos muy significativos, con expresiones que van desde términos empresariales 
hasta bélicos, pasando por el mundo del “hampa”. Desde “carreras armamentísticas” 
hasta “explotación” de los virus endógenos por parte del genoma, pasando por 
calificaciones para éstos como “secuestradores”, “saboteadores” o “falsificadores”, por 
no hablar de las estrategias “egoístas” de los genes. No me cansaré de insistir en que 
esta no es una terminología científica, sino el producto de una concepción de la vida que 
podríamos calificar de patológica, que es utilizada para adecuar los datos a la teoría 
dominante, pero que lo que consigue es introducir graves distorsiones en la 
interpretación de los fenómenos biológicos y que resulta muy perjudicial para una 
verdadera comprensión de los fenómenos de reciente descubrimiento. 
Consideraciones como estas, y algunas más vistas anteriormente, convierten en 
poco razonable la propuesta que, ante el aluvión de datos que contradicen radicalmente 
las asunciones asumidas sobre la evolución, han planteado algunos científicos (Carroll, 
R. L., 2000): la de “expandir” la teoría darwinista. Por lo que he podido ver, esta idea 
parte, al parecer, de dos asunciones que pueden ir unidas o independientes: de que 
Darwin fue el “descubridor” de la evolución, por lo que cuando se habla de evolución se 
habla de darwinismo, o bien, que ya hay aspectos de la teoría darwinista que están 
“suficientemente demostrados”. No parece necesario volver sobre la primera, pero sí 
puede ser conveniente insistir en que si la base teórica sobre la que se sustenta el 
darwinismo, la “Síntesis moderna”, es absolutamente falsa, todos los conceptos que se 
elaboren a partir de ella también lo serán. Las únicas “demostraciones” de fenómenos 
visibles en la Naturaleza que todavía se ofrecen en los textos darwinistas como ejemplos 
de la evolución por selección natural siguen siendo el “experimento” de la polilla del 
abedul, el caso de la anemia falciforme, cuya manifestación se ha mostrado mucho más 
compleja de lo que se creía (Higgs, D. R. y Wood, W. G., 2008) y la adquisición de 
resistencia de los mosquitos a los insecticidas. El resto de las supuestas demostraciones 
son, simplemente, interpretaciones “a posteriori” sobre porqué esos fenómenos están ahí 
(“porque han sido seleccionados”). 
Parece razonable insistir en que ante la “aparición” de fenómenos y procesos 
inimaginables hace pocos años en el campo de la Biología, es necesario “repensar” la 
evolución y, por tanto las explicaciones de dichos procesos y su integración coherente 
en nuestra disciplina. En palabras de Mauricio Abdalla (2006): La tecnología amplía la capacidad de “ver” fenómenos que antes estaban ocultos a los sentidos humanos y, la 
mayoría de las ocasiones, abre un nuevo campo fenomenológico que impulsa a la 
ciencia a reajustarse, produciendo un movimiento en las teorías científicas y hasta 
crisis de paradigmas. 
Lo que no parece razonable es la actitud de indignación con que es recibido por 
prestigiosos biólogos, como si fuera una agresión, cualquier intento de este tipo. 
Resulta envidiable el entusiasmo con que, por ejemplo, los físicos, reciben la existencia 
de cualquier punto débil en sus teorías o cualquier avance tecnológico que les permita 
profundizar en ellas o, incluso cambiarlas (y no se puede decir que no estén 
“actualizados” al respecto). También es cierto que ellos no disponen de un ser 
“providencial” que les trajo una verdad inmutable, porque todavía ninguno de sus 
grandes pensadores la ha encontrado. Tal vez por eso tampoco disponen de un 
aniversario con que celebrar el “verdadero nacimiento” de su disciplina. Ni siquiera el 
de Newton, porque sus explicaciones eran, de algún modo válidas, pero incompletas. 
Posiblemente, para encontrar un paralelo tendrían que remontarse a Aristóteles. Su 
teoría sobre el movimiento de “los cuatro elementos” hacia “sus semejantes”: el agua 
hacia el agua, la tierra hacia la tierra, el fuego hacia el fuego y el aire hacia el aire, 
explicaba todo. Era “evidente”, incluso verificable experimentalmente. Todo el mundo 
podía comprenderla, pero no era una explicación real. Porque, en Ciencia (excepto, al 
parecer, para la Biología), ninguna explicación de un fenómeno complejo puede ser 
sencilla.

 Fuente:
Máximo Sandín
http://www.somosbacteriasyvirus.com/

sábado, 15 de febrero de 2014

EN BUSCA DE LA BIOLOGÍA II

Reflexiones sobre la evolución (viene del post anterior)

Pero volviendo al tema que nos ocupa, lo que resulta (o debería resultar)
desconcertante para un biólogo es que, en la misma revista y, a veces en el mismo
número, se publican investigaciones cuyas bases, argumentos y resultados son
absolutamente contradictorios. Por ejemplo, sobre los fenómenos epigenéticos
condicionados por el ambiente en las diferencias fenotípicas entre gemelos (Fraga, M.
F. et al., 2005) o sobre la enorme complejidad de las redes de información genética
(Sauer, U., Heinemann, M. y Zambomi, M. 2007) y sobre “el gen” de la infidelidad
(Walum et al., 2008), o del “gen” de los bebedores (Mulligan et al., 2006). Sobre la
inabarcable complejidad de las relaciones entre las proteínas celulares y sus actividades
en función de sus agrupaciones (Gavin, A.C. et al, 2002; Ho, Y. et al. 2002) y el
descubrimiento de una proteína que controla todo un complejo proceso biológico (Ago,
H. et al., 2007), sobre evo-devo en los que se analizan los cambios evolutivos en
relación con cambios en el programa de desarrollo (Hall, 2003) y sobre genética de
poblaciones que explica, supuestamente, la evolución como “un cambio en las
frecuencias génicas”(Stumpf y Mc Vean, 2003). Sobre el carácter global de la
información genética y su subordinación a las condiciones ambientales (Varabasi y
Oltvai, 2004)), incluso de la dificultad (o imposiblidad) de definir “qué es un gen”
(Gerstein, M. B. et al., 2007) y del descubrimiento de “genes egoístas” (Enserink, M.,
2007) o la patente de un virus modificado con “el gen” P53 para ser explotada por una
importante empresa farmacéutica (Huo, J. y Xin, H., 2006).
Lo que se observa (con inquietud) es una absoluta discordancia entre los resultados 
reales, es decir verificables experimentalmente, de la llamada investigación “básica”, o 
lo que es lo mismo, investigación científica, y los planteamientos necesarios para que 
sean posibles los objetivos de la llamada investigación “aplicada”, es decir, la enfocada 
a fines comerciales. Sin embargo, la persistencia en seguir por un camino, cuyo final en 
un callejón sin salida está marcado de antemano, ha de tener una explicación. Y la única 
posible es la que nos sugiere la existencia en las revistas citadas de un apartado cuyos 
encabezamientos habrían resultado absurdos cuando la actividad de los científicos se 
concebía como una búsqueda del conocimiento: Negocios (Science), Una mirada al 
Mercado (Nature).
 
 La Biología y el Mercado
 
Resulta una obviedad afirmar que, hoy en día, el Mercado (concretamente “el libre 
mercado”) es el que determina el curso de las relaciones humanas, de la sociedad, en 
suma, el destino de la Humanidad. Quizás no parezca este el sitio o el contexto 
adecuado para discutir este modelo económico, Pero si tenemos en cuenta que, según 
los informes de la ONU, los mercados que más dinero “generan” en el Mundo son, por 
este orden, el de las armas, el de la droga, el del petróleo y el farmacéutico (U. N., 1999) 
tal vez encontremos una conexión con el problema que estamos analizando. 
 En cualquier caso, desde un punto de vista estrictamente científico, cuando de 
pretende comprender un fenómeno cualquiera, una práctica razonable puede ser ir a las 
raíces, a su origen, es decir, a intentar entender cómo o porqué se ha producido para 
comprender la situación actual. En este caso, con el objetivo de intentar valorar las 
posibles consecuencias de la práctica de este modelo económico sobre las relaciones 
humanas y sobre las relaciones del Hombre con la Naturaleza. . 
 Como todos sabemos, el concepto central de este modelo económico, “la mano 
invisible del mercado”, se debe al escocés Adam Smith, el “padre” de la economía (“La 
Riqueza de las Naciones”, 1776). La, mil veces repetida frase No es de la benevolencia 
del carnicero, cervecero o panadero de donde obtendremos nuestra cena, sino de su 
preocupación por sus propios intereses / ... / Prefiriendo apoyar la actividad doméstica 
en vez de la foránea, sólo busca su propia seguridad, y dirigiendo esa actividad de 
forma que consiga el mayor valor, sólo busca su propia ganancia, y en este como en 
otros casos está conducido por una mano invisible que promueve un objetivo que no 
estaba en sus propósitos, nos da una primera información sobre los destinatarios y los 
beneficiarios de su modelo económico. Pero quizás esta otra, también procedente de su 
famoso libro (“El libro”, según los textos de economía) no puede ofrecer una visión más 
clarificadora y global sobre su concepto de sociedad: Se ha dicho que el costo del 
desgaste de un esclavo lo financia su amo, mientras que el costo del desgaste de un 
trabajador libre va por cuenta de éste mismo. Pero el desgaste del trabajador libre 
también es financiado por su patrono. El salario pagado a los jornaleros, servidores, 
etc., de toda clase, debe en efecto ser lo suficientemente elevado para permitir a la 
casta de los jornaleros y servidores que se reproduzca según la demanda creciente, 
estacionaria o decreciente de personas de este género que formula la sociedad. Pero 
aunque el desgaste de un trabajador libre sea igualmente financiado por el patrono, el 
mismo le cuesta por lo general mucho menos que el de un esclavo. 
No parece necesario explicar qué tipo de personas componen “la sociedad” para 
Smith y cual es la condición que su modelo reserva para el resto de las personas “de 
toda clase” cuya reproducción debe regularse según la demanda estacionaria, creciente 
o decreciente. 
 Como biólogo, desconozco de qué modo se ha transmitido y adornado la figura de 
Smith (venerado en los textos económicos) a los estudiantes o estudiosos de la 
economía y si la lectura de su libro figura en su formación, porque visto “desde fuera” 
no resulta precisamente un hombre providencial que trajo la luz y, desde luego, una 
mirada a la situación del Mundo nos hace pensar que no ha sido una bendición para la 
Humanidad. Pero como esta apreciación de un profano en la materia puede ser 
considerada una visión superficial o sesgada, recurriremos a un verdadero experto en 
economía (pero que, además, tiene la mala costumbre de pensar por sí mismo) para que 
nos aporte su opinión sobre la verdadera esencia del motor de esta concepción de la 
economía que no es el reino de la providencial mano invisible y benefactora sino, al 
contrario, el de manos bien visibles e interesadas, buscando el máximo beneficio 
privado a costa de lo que sea (San Pedro, 2002). 
 Pero, volviendo al tema que nos ocupa, la Biología, también podemos intentar 
analizar el problema del que estábamos tratando, es decir, la relación entre la 
investigación biológica y el Mercado, si nos remontamos al origen de esta conexión. 
 El equivalente para los biólogos de lo que “La riqueza de las naciones” es para los 
economistas, es decir “El Libro”, es, según nos han enseñado, “El origen de las 
especies” de Charles Darwin (1859), “la obra de la que nace toda la Biología moderna”, 
como figura en su prólogo de la última edición española (Fernández, 83). El párrafo que 
define o refleja con mayor claridad el mensaje de dicha obra bien podría ser este: De 
aquí, que como se producen más individuos de los que es posible que sobrevivan, tiene 
que haber forzosamente en todos los casos una lucha por la existencia / ... / Es la 
doctrina de Malthus aplicada con multiplicada fuerza al conjunto de los reinos animal 
y vegetal; porque en este caso, no hay aumento artificial de alimento y limitación 
prudente de matrimonios. La doctrina a la que se refiere es la que el reverendo R. T. 
Malthus, como es sabido, discípulo de Adam Smith y uno de los padres de la economía 
liberal clásica, expone en “Ensayo sobre el principio de la población” (1798), Según C. 
Leon Harris(1985), "El razonamiento de Malthus era que el progreso era imposible a 
menos que exista un abastecimiento ilimitado de alimentos, por lo que las políticas 
dirigidas a mejorar la situación de los pobres eran equivocadas (...) Los defensores del 
Laissez faire podría así ignorar a los niños hambrientos con la conciencia tranquila" 
 Sólo una actitud de obcecación en negar lo evidente, porque el mismo autor lo 
confirma, puede llevar a negar la conexión entre la interpretación darwinista de la 
Naturaleza y las ideas de Adam Smith. De hecho, en la que podemos considerar la 
versión mas “moderna” del darwinismo, la elaborada por Richard Dawkins (1975), su 
propuesta de lo que sería el motor de la evolución y de las relaciones entre los seres 
vivos es, sólo con un ligero cambio de estilo, una transcripción de la de Smith para las 
relaciones sociales con la simple sustitución de los términos cervecero o panadero por la 
palabra “gen” y la mano invisible del mercado por la mano invisible de la ciega pero 
todopoderosa selección natural. Y los términos “competencia por los recursos”, 
“estrategias”, “coste-beneficio”, “colonización”… son parte constituyente de laterminología y, por tanto, de la interpretación de los fenómenos naturales de la Biología 
actual. 
 Esta conexión no es extraña, pues forma parte de toda una concepción de la 
realidad, de la vida, de la sociedad, con profundas raíces culturales en las que el 
individualismo, la competencia, la laboriosidad y el “mirar por los propios intereses” 
son las virtudes más apreciadas (incluso “bendecidas por Dios”). Por eso Darwin 
concluye en su libro: Y como la selección natural actúa por y para el bien de cada ser, 
todos los atributos corpóreos y mentales tenderán a progresar hasta la perfección. Y 
por eso también comparte con Smith y Malthus su concepto de sociedad: Existe en las 
sociedades civilizadas un obstáculo importante para el incremento numérico de los 
hombres de cualidades superiores, sobre cuya gravedad insisten Grey y Galton, a 
saber: que los pobres y holgazanes, degradados también a veces por los vicios se casan 
de ordinario a edad temprana, mientras que los jóvenes prudentes y económicos, 
adornados casi siempre de otras virtudes, lo hacen tarde a fin de reunir recursos con 
que sostenerse y sostener a sus hijos. / ... / Resulta así que los holgazanes, los 
degradados y, con frecuencia, viciosos tienden a multiplicarse en una proporción más 
rápida que los próvidos y en general virtuosos. /…/ Mas en estos casos parecen ser 
igualmente hereditarios la aptitud mental y la conformación corporal. Se asegura que 
las manos de los menestrales ingleses son ya al nacer mayores que las de la gente 
elevada. (Darwin, Ch. R., 1871). En este contexto, no resulta extraño el éxito del libro 
de Darwin entre “la sociedad”, especialmente teniendo en cuenta que, en el máximo 
período de expansión colonial británica, la frase No puede nombrarse un país en el cual 
todos los habitantes naturales estén ahora tan perfectamente adaptados entre sí y a las 
condiciones físicas en que viven, que no pudiesen todavía, algunos de ellos, estar mejor 
adaptados o mejorar; porque en todos los países los naturales han sido conquistados 
hasta tal punto por los que han tomado carta de naturaleza, que han permitido a los 
extranjeros tomar firme posesión de la tierra, que figura en “Sobre el origen de las 
especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas 
en la lucha por la existencia”, verdadero título de su libro, debió resultar muy 
reconfortante para los beneficiarios de tal situación. 
 En definitiva, podríamos sumarizar las estrechas relaciones entre ambas “teorías” y 
los motivos de su implantación, recurriendo a pensadores muy cualificados que, al 
parecer, lo han visto con claridad: La obra de Darwin es, en palabras de Bertrand 
Russell (1935): una extensión al mundo animal y vegetal de la economía de Laissez 
faire. Y para el filósofo de la ciencia R.M. Young (1973) Lejos de ser un mecanismo en 
favor del cambio, era una defensa del status quo, tanto en la naturaleza como en las 
sociedades ¿Será, pues, este carácter de justificación “científica” de la situación el que 
está detrás de su condición de “teorías” inamovibles? 
 
 Cómo se fabrica una teoría muy poderosa 
 
Quisiera comenzar este apartado con una justificación, que no exculpación, del texto 
que sigue (y del texto en general): Aunque, según he podido experimentar en carne 
propia, los análisis históricos sobre las causas del origen del darwinismo no parecenestar muy bien vistos por, al menos, una parte de “la comunidad científica” que los 
califica de “opiniones subjetivas” motivadas por prejuicios con gran parte de carga 
ideológica mientras que la Ciencia se basa en datos “objetivos”, el subtítulo de este 
escrito indica que se trata de reflexiones personales, individuales y, por definición, 
subjetivas, porque lo que parece claro es que no todo el mundo tiene porqué ver las 
cosas de la misma forma. Y aquí puede ser conveniente otra pequeña reflexión sobre el 
carácter objetivo con que el lenguaje “aséptico” utilizado en los textos científicos 
pretende dotar a las observaciones. Cuando el autor dice “se observa”, por ejemplo Se 
observa la competencia entre las células (Khare y Shaulski, 2006) o la competencia 
entre las neuronas (Han, J. H. et al., 2007), o se pone en evidencia la actuación de la 
selección natural (Byers y Waits, 2006), es él el que está observando y también cabe la 
posibilidad de que sus observaciones, por muy objetivas que pretendan ser, estén 
condicionadas por prejuicios, por lo que le han enseñado a ver (y aquí sería necesario 
otro análisis para dilucidar el posible componente ideológico de estas observaciones 
“objetivas”). Pero en este caso no creo necesario insistir sobre la inconsistencia del 
concepto de selección “natural”, por extrapolación a la Naturaleza de las actividades 
“antinaturales” de los ganaderos, ni de la condición tautológica de su formulación, 
porque “la existencia de la selección natural” parece ser tan “indiscutible” que, en 
consecuencia, no se puede discutir. 
 Una vez asumida esta limitación, puedo decir que, desde mi punto de vista, la 
formulación de “la teoría de la evolución” de Charles Darwin no resulta un modelo de 
precisión científica (y menos de brillantez literaria). Los términos se podría dudar, 
pudiera ser, no podríamos considerar improbable… acompañan a cada una de sus 
propuestas. La abundancia de éstas, basadas en la cría de animales domésticos le hizo 
sugerir a su editor que recortara las partes teóricas e hiciera de la obra un libro 
dedicado enteramente ¡a la cría de palomas! (Milner, 1995). Efectivamente, las 
variadas especulaciones sobre “el origen de las especies” resultaban todo menos 
clarificadoras: los efectos del uso y el desuso, la tendencia a variar de la misma manera, 
las variaciones “sin importancia”, la “dilución” de los cambios ventajosos en la 
población, los cambios en la disposición de los ojos de los peces planos debido a los 
“esfuerzos” en mirar para arriba, los osos atrapando insectos del agua “como una 
ballena”… muchas de ellas basadas en informaciones “de segunda mano”, componen un 
texto confuso y disperso sin una línea argumental clara. No parece aventurado deducir 
que, muy probablemente, fueron sus “hallazgos” de la aplicación a la Naturaleza de la 
“lucha por la existencia” y “la supervivencia del más adecuado” los que hicieron que “la 
sociedad” se abalanzase sobre el libro, del que en una semana se vendió toda la edición 
de 4.250 ejemplares. Las narraciones épicas sobre las dificultades que encontró el 
“revolucionario” libro de Darwin entre la conservadora sociedad inglesa (la Iglesia 
Anglicana le ha pedido disculpas por la oposición “excesivamente emocional” a su 
teoría, representada en la historia por el obispo Wilbeforce) no parecen tener una base 
muy sólida si tenemos en cuenta que fue miembro del consejo rector de la Geological 
Society, de la Royal Society, y que le nombraron miembro de la Academia de Ciencias 
Francesa. Que fue enterrado con honores en la abadía de Westminster al lado de la 
tumba de Newton y que a su funeral asistieron las más importantes personalidades de la 
época.Sin embargo, entre los científicos conocedores de la evolución las críticas no fueron, 
ni mucho menos, favorables (ver Sandín 2002). Porque la evolución era conocida y 
llevaba cien años siendo estudiada en las universidades europeas (Galera 2002). De 
hecho, en la época de Darwin los partidarios de la evolución eran llamados 
“lamarckianos” (Harris, 1985). No obstante, al estar confinado su estudio al ámbito 
académico fue el libro de Darwin el que, probablemente gracias a su éxito social (ha 
sido calificado como “el primer best seller científico) popularizó la idea de la evolución. 
Este fenómeno es relatado por algunos historiadores darvinistas de esta forma tan 
pragmática: una cosa es que los evolucionistas anteriores propusieran la idea, y otra 
bien distinta que consiguieran convencer a los científicos (Harris, 1985). 
 Pero la información más sorprendente sobre la creación de la figura de Darwin 
como “descubridor de la evolución” (Henleben, 1971) es la que nos transmite Richard 
Milner, calificado por Gould como “el pura sangre de Darwin” en el prólogo a su 
“Diccionario de la evolución” (1995), y es que él no parecía tener muy claro que en su 
famoso libro estaba hablando de evolución (sólo hablaba del origen de las especies). 
Porque el término evolución no aparece hasta la sexta edición de 1869 por sugerencia de 
Huxley, que sí sabía de lo que se hablaba. 
 Sin embargo, entre las críticas científicas que recibió, la más lúcida y más 
claramente formulada, hasta el extremo de que puede ser utilizada para debatir las ideas 
darvinistas actuales, es la del zoólogo St. George Mivart (que también sabía de lo que 
hablaba): Lo que se puede alegar, se puede sintetizar de ésta manera: que la “selección 
natural” es incapaz de explicar las etapas incipientes de las estructuras útiles; que no 
armoniza con la coexistencia de estructuras muy similares de diverso origen; que hay 
fundamentos para pensar que las diferencias específicas se pueden desarrollar súbita y 
no gradualmente; que la opinión de que las especies tienen límites definidos, aunque 
muy diferentes para su variabilidad todavía es sostenible; que ciertas formas fósiles de 
transición todavía están ausentes, cuando cabría esperar que estuviesen presentes/ ... 
/que hay muchos fenómenos notables de las formas orgánicas sobre los cuales la 
“selección natural no arroja la menor luz”. (Mivart, 1871). 
 Objeciones como esta, basadas en argumentos y conocimientos científicos, 
hicieron que el darwinismo languideciera en el ámbito académico hasta quedar 
prácticamente relegado a unos cuantos seguidores fervorosos, como August Weismann, 
quien publicó, en 1886, su teoría del “germoplasma” (la barrera soma- germen), y cuyas 
ideas fueron las primeras conocidas bajo la denominación de “neodarwinismo”. A 
principios del Siglo XX, los genetistas, basándose en sus observaciones sobre la 
aparición y la transmisión de las características heredables, y que se podían comprobar 
en los “experimentos” (pero esta es otra historia) de Mendel, habían desechado la idea 
de la evolución como consecuencia de la acumulación de pequeñas variaciones 
“imperceptibles”. Así nos lo narra F. J. Ayala en su libro “La teoría de la 
evolución”(1999): “De acuerdo con De Vries (y también con otros genéticos de 
principios del sigloXX, como el inglés William Bateson) hay dos tipos de variaciones 
en los organismos: un tipo consiste en la variación “ordinaria” observada entre los 
individuos de una especie: por ejemplo, variación en el color de los ojos o las flores, o 
variación en el tamaño. Este tipo de variación no tiene consecuencias últimas en la 
evolución, porque, según De Vries, “no puede traspasar los límites de la especie, 
incluso bajo las condiciones de la más fuerte y continua selección”. El otro tipo 
consiste en las variaciones que surgen por “mutación genética”; esto es, alteraciones espontáneas de los genes que ocasionan grandes modificaciones de los organismos y 
que pueden dar origen a nuevas especies: “Una nueva especie se origina de repente, es 
producida a partir de una especie preexistente sin ninguna preparación visible y sin 
transición”. 
Estas ideas, que Ayala nos narra como una visión errónea, pero que estaban 
basadas en observaciones científicas reales y que, por tanto, estaban en el buen camino, 
fueron arrolladas por otras basadas, dentro de la tradición darvinista, en especulaciones 
y suposiciones sin la menor relación con los fenómenos que se producen en la 
Naturaleza, es decir, inventadas. Los “biometristas”, darvinistas fervorosos encabezados 
por el matemático inglés Sir Karl Pearson, acudieron en ayuda de la selección natural 
actuando sobre variaciones que denominaron “métricas” o “cuantitativas”. 
Así nos narra Richard Milner el nacimiento de la base teórica del darwinismo 
actual: En medio del debate entre genetistas sobre la dilución de las pequeñas 
mutaciones individuales entre la población, R. C. Punnett, discípulo de Bateson, expuso 
el problema a su amigo G. H. Hardy, profesor de matemáticas en la Universidad de 
Cambridge, quien, según se dice, escribió la solución en el puño de la camisa mientras 
comía. Como la consideró muy elemental, Hardy se negó a presentarla en una 
publicación que normalmente leerían sus colegas matemáticos, por lo que Punnett la 
expuso en una revista de biología. Fue la única incursión de Hardy en la genética (?). 
La solución obtenida por el profesor Hardy fue que la simple expresión binomial (p2 
+2pq + q2) = 1 describe la proporción de cada genotipo en la población, donde p 
representa el alelo dominante (A), q el recesivo (a) y (p + q = 1). El alejamiento de 
estas premisas de la realidad (que se acentúa con las absurdas condiciones que debe de 
cumplir la población implicada) ya era evidente por entonces. Según Harris (1985), 
Haldane (1924) (otro matemático padre de la “síntesis”) era consciente de que existían 
fenómenos como el ligamiento que ya eran conocidos, pero tenerlos en cuenta hubiera 
complicado los cálculos. 
 Aquí me voy a permitir una pequeña digresión: Resulta pasmosa la naturalidad 
con que los historiadores autocalificados como firmes seguidores del darwinismo nos 
narran los artificios que han intervenido en su elaboración como teoría científica, 
porque resulta difícil de dilucidar si se trata del resultado de una fe poco menos que 
religiosa a la que los datos históricos no afecta o de una actitud cínica en el sentido de 
decir “es una falacia, pero es la falacia dominante”. 
 Sin embargo, parece que, efectivamente, los matemáticos lograron convencer a 
algunos biólogos. Así nos narra F. J. Ayala la acogida inicial de la base teórica de la 
evolución: Estos descubrimientos (?) teóricos, sin embargo, tuvieron inicialmente un 
impacto limitado entre los biólogos contemporáneos, porque estaban formulados en 
ecuaciones y lenguaje matemáticos que la mayoría de los evolucionistas no podían 
entender (aquí me voy a permitir argumentar, a modo de “reparación” de estas dudas 
sobre la capacidad mental de mis colegas, que resulta dudoso que no entendieran unas 
fórmulas basadas en algo tan simple como las probabilidades de obtener cara o cruz en 
una moneda lanzada al aire, es decir, que tal vez fue otro el motivo de su rechazo); 
también, debido a que estos descubrimientos, casi exclusivamente teóricos (?) tenían 
poca corroboración empírica, y, por último, a causa de que los problemas resueltos 
habían dejado de lado muchas otras materias de gran interés, como el proceso de la 
especiación (??). Pero el problema que planteaban los biólogos estaba superado. Según E. Mayr (1997): Los matemáticos demostraron convincentemente que, incluso 
mutaciones con ventajas relativamente pequeñas, eran favorecidas por la selección, y 
sus hallazgos ayudaron a superar varias objeciones a la selección natural. 
En cualquier caso, ya estaba “demostrada” mediante las matemáticas la actuación 
de la selección natural como el mecanismo evolutivo. La sentencia (¿de muerte?) sobre 
el estudio de la evolución la emitió T. Dobzhansky (1951): La Evolución es un cambio 
en la composición genética de las poblaciones. El estudio de los mecanismos de 
evolución es competencia de la Genética de Poblaciones. Y desde ese momento, la base 
teórica de la Biología, pasó de apoyarse en los conocimientos y en los criterios 
científicos utilizados hasta entonces, basados en la elaboración de deducciones 
obtenidas a partir de la observación de los fenómenos naturales, a la interpretación de la 
Naturaleza en función de la práctica tradicional en el darwinismo, es decir, a adecuar las 
observaciones a la teoría, (en este caso ni siquiera observaciones, sino suposiciones), 
mediante fórmulas matemáticas. 
 Y este “olvido” de las observaciones de la Naturaleza, de los organismos, del 
registro fósil, para crear una explicación elaborada sobre cálculos numéricos basados en 
hipótesis al margen de la realidad, lleva a una total desconexión de la realidad. Así 
explica F. J. Ayala (2001) el concepto actual de la evolución según estos criterios: El 
rango de una mutación génica puede ir, pues, de inapreciable a letal /…/ las 
mutaciones nuevas tienen mayor posibilidad de ser perjudiciales que beneficiosas para 
los organismos. Una nueva mutación es posible que haya sido precedida de una 
mutación idéntica en la historia previa de una especie. Si esa mutación previa no existe 
en la población, lo más probable es que no sea beneficiosa para el organismo y, por 
ello, será eliminada de nuevo/…/ El proceso de mutación cambia las frecuencias 
génicas muy lentamente debido a que las tasas de mutación son bajas /.../ Si en un 
momento dado la frecuencia del alelo A es 0,10, en la generación siguiente se habrá 
reducido a 0,0999999, un cambio evidentemente pequeñísimo /.../ Por otra parte, las 
mutaciones son reversibles: el alelo B puede también convertirse en alelo A /…/ Aunque 
las tasas de mutación son bajas si se considera un gen individualmente, el hecho de que 
haya muchos genes en cada individuo y muchos individuos en cada especie hace que el 
número total de mutaciones sea elevado. 
 Como reflexión, seguramente discutible, y a modo de conclusión de este apartado, 
tengo que decir que la forma en que nació el darwinismo, la manera en que se ha 
narrado su historia, el modo en que se ha mantenido mediante artificios al margen de la 
realidad y la mitificación (mixtificación?) de la figura de Darwin, produce la sensación 
(al menos, la sospecha) de que el problema no es de índole meramente científica. Y un 
posible apoyo a esta sensación se puede encontrar en el siguiente hecho: En 2006, es 
decir, cuando ya se había secuenciado el genoma humano, cuando ya eran sobradamente 
conocidos los fenómenos de splicing alternativo, los procesos epigenéticos, la 
naturaleza dispersa y fragmentaria de la información genética… se reunieron en la 
Universidad de Cambridge, un grupo de prestigiosos investigadores que llegaron a la 
siguiente conclusión: 
 Many regard the Darwinian theory of evolution by natural selection as one of the 
most important and powerful theories of our times, in the good company of the general 
theory of relativity and quantum theory. What will be Darwin's legacy in the 21st 
century? Will new work be mainly confirmatory, or can we expect new breakthroughs? What constitutes a Darwinian way of thinking in biology, or more broadly in science? Is 
it still timely to think in a genuine Darwinian way, or should we resort only to some 
basic Darwinian principles? These questions were discussed by researchers at a recent 
conference at Trinity College, Cambridge, UK, which was hosted by the president of the 
Royal Society, Martin Rees. 
 There was fair agreement among the participants that Darwin's way of 
approaching problems remains valid and should be encouraged if possible. 
(Szathmáry, 2006). 
 
 150 años fuera del camino 

 En el año 2009 se cumplirán 200 años del nacimiento de Darwin y 150 de la 
publicación de “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el 
mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia”, y la celebración 
parece bien preparada. En las revistas científicas se exalta su figura hasta convertirlo en 
el genio que arrojó luz sobre un Mundo en tinieblas: La gran contribución de Darwin a 
la ciencia es que completó la Revolución Copernicana al llevar a la biología la noción 
de la naturaleza como un sistema de materia en movimiento gobernada por leyes 
naturales. (Ayala, 2007). En las universidades y centros de investigación se preparan 
todo tipo de homenajes, y una réplica del Beagle “zarpará para reconstruir el mítico 
viaje del científico”. La noticia de prensa comienza así: Recién graduado en Cambridge, 
con 22 años, un jovencísimo Charles Darwin se embarcó como naturalista a bordo del 
bergantín HMS Beagle, en un viaje que duraría cinco años (1831-1836). El padre de la 
teoría de la evolución describiría después esta aventura como el acontecimiento más 
importante de su vida, el que determinó la marcha de toda su carrera. Aunque se 
pueden encontrar en el texto algunos “olvidos” o “imprecisiones”, (ver Sandín, 2002) el 
más llamativo es el que se refiere a su titulación, que se podría completar así: 
subgraduado en Teología. 
La forma en que los encargados de transmitir “la buena nueva” a la sociedad 
“depuran” y “orientan” conscientemente la información llega a extremos que hacen 
pensar que deben tener muy buenos motivos para hacerlo. En el artículo 150 años 
liberados de un creador sobrenatural, el autor informa a sus lectores de que la idea 
eliminó la necesidad de Dios para explicar nuestra presencia, y nos habla de la 
controversia entre creacionistas y darvinistas, para aclararnos que “la evolución”, o 
bien, como sinónimo, “la teoría de la evolución”, está científicamente comprobada y la 
prueba más contundente es la universalidad del código genético. 
La confusión deliberada de la evolución como hecho con “la” teoría de la 
evolución y la transmisión a la sociedad de que el debate que existe actualmente se 
centra entre los creacionistas y “la” evolución, (y el éxito de esta estrategia se puede 
comprobar en las manifestaciones al respecto de todo tipo de personas cultivadas, no 
profesionales de la Biología) es una de las variadas artimañas de que se valen los 
guardianes del darwinismo para descalificar cualquier intento de debate científico sobre 
la validez actual de sus ideas. Pero es tan simplista y estéril tratar de rebatir a la Ciencia 
desde creencias religiosas como pretender rebatir las creencias con argumentos 
científicos, porque son dos aspectos del pensamiento humano que, por su forma de elaboración y por sus objetivos, no tienen la menor relación (salvo cuando los 
pretendidos argumentos científicos sean, en realidad, una creencia, en cuyo caso se 
comprende el debate). Y es imposible rebatir una creencia con hechos históricos, con 
datos reales o con argumentos lógicos. Cuanto más irracional (es decir, menos basada 
en dichos conceptos) sea una creencia, más difícil es de rebatir, y de esto tenemos 
suficientes experiencias, no sólo en el aspecto científico, sino también en el político y el 
económico.

 Fuente:
Máximo Sandín
http://www.somosbacteriasyvirus.com/

jueves, 13 de febrero de 2014

EN BUSCA DE LA BIOLOGÍA

Reflexiones sobre la evolución  I


Después de 150 años de concebir y tratar a la Naturaleza en términos de
competencia, coste-beneficio, explotación de recursos, estrategias…, hemos conseguido
que ésta entre en “recesión”. Este alejamiento de la realidad, de los fenómenos naturales,
ha puesto en grave peligro el futuro de la Humanidad sobre nuestro planeta y hace
necesaria, incluso urgente, la búsqueda de una concepción de la Biología basada en
conceptos y vocabulario científicos que nos vuelva a conectar con la Naturaleza antes de
que sea demasiado tarde.
La naturaleza debe ser obligada a servir, reducida 
a la obediencia y esclavizada…para extraer, bajo 
tortura, todos sus secretos. 
Francis Bacon (1561 – 1626) 
 En guerra contra la Naturaleza

 Si intentamos encontrar una palabra que describa la relación de las sociedades 
autodenominadas “avanzadas” con la Naturaleza, esta sería miedo. Y el miedo engendra 
agresividad. No se trata de una figura retórica. Nuestra sociedad vive entre el miedo y la 
prepotencia, unas actitudes en las que (hay que decirlo) ha habido una gran contribución 
por parte de los biólogos. Hay temor a los terribles virus: al virus del SIDA, al Ébola, al 
virus del Nilo y al de la gripe aviar, que surgen de las zonas más pobres de la Tierra 
para poner en peligro las vidas de los ciudadanos de los países desarrollados. Temor a 
las bacterias, que se esconden en los aparatos de aire acondicionado, en los hospitales, 
en alimentos y que se han hecho resistentes a nuestra arma más eficaz para luchar contra 
ellas, los antibióticos… Se diría que vivimos en una permanente campaña contra la 
Naturaleza dirigida hoy por biólogos que informan a la población de los ataques que 
recibimos y de las estrategias para luchar contra ella. En los medios de comunicación, 
los expertos nos hablan de los esfuerzos para luchar contra los distintos y abundantes 
“enemigos” que nos acechan, desde microscópicos hasta los, más visibles, mosquitos 
“asesinos” (una calificación abundantemente repartida por todo el “árbol filogenético”, 
como bien se empeñan en difundir a la población desde los documentales sobre la vida 
“salvaje”). La crueldad de la Naturaleza impone un permanente estado de guerra. Contra 
la enfermedad, hasta contra la vejez. Pero los expertos nos informan de que antes o 
después conseguiremos derrotarla, dominarla, hasta el extremo de poder vivir al margen 
de sus leyes. Se conseguirá, “cambiando nuestros genes”, o “limpiando los genomas de 
basura”, alargar la vida (para algunos hasta la inmortalidad), “dirigir la evolución”, 
crear “gente más inteligente y productiva”, regenerar órganos o miembros, crear seres 
biónicos…unos objetivos que tienen mucho de fantasías infantiles (con poca reflexión 
sobre sus consecuencias, en el caso de que lo consiguieran) que parecen pretender 
reproducir las creaciones de los autores de los “superhéroes” de los comics. 
 Pero cuando, en las revistas científicas, se publican estos planteamientos como 
prioridades en la investigación científica junto con resultados de investigaciones que 
ponen de manifiesto la enorme complejidad de la información genética y la 
imposibilidad de controlar realmente los procesos que pretenden manipular, se viene a 
la mente la angustiosa imagen del aprendiz de brujo. Porque aunque, afortunadamente, 
el futuro que proponen, un futuro Blade Runner, no es ni técnicamente posible ni 
ecológicamente viable, los riesgos para la Humanidad que se pueden producir por estos 
intentos son imprevisibles pero, a la vista de accidentes que ya se han producido, quizás 
no sea exagerado decir que sus consecuencias pueden ser de proporciones incalculables.

La gran confusión
 Quizás sea conveniente apoyar con datos estos argumentos que pueden parecer 
excesivamente alarmistas, incluso “melodramáticos”. Para ello, lo más clarificador 
puede ser recurrir a las revistas científicas generalistas, que tienen la ventaja sobre las 
revistas especializadas (habitualmente muy repetitivas y limitadas en los enfoques y en 
las interpretaciones) de abarcar distintos campos de las ciencias y ofrecer distintas 
perspectivas de cada una, lo que nos permite comparar el estado de los conocimientos 
alcanzados en las distintas ramas de la Biología. 
 El resultado de esta observación nos lleva a la alarmante sensación de que la 
Biología se encuentra en un estado de inconsistencia, se podría decir más, de absoluta 
ausencia de base teórica. Una situación que puede resultar peligrosa si tenemos en 
cuenta los procesos naturales que se manipulan para conseguir los objetivos antes 
mencionados. Porque la ausencia de un modelo teórico que proporcione sentido a estas 
manipulaciones viene siendo denunciada desde hace tiempo, de una forma esporádica y, 
al parecer, sin la menor repercusión, desde las mismas revistas que mantienen en sus 
páginas esta confusión. Veamos algunos ejemplos: En 2001, con motivo de los 
progresos en la secuenciación del genoma humano y el los conocimientos sobre el 
proteoma (conjunto de proteínas que se expresan en la célula) P. Ball escribió en 
Nature: La Biología carece de un marco teórico para describir este tipo de 
situación.../...los biólogos van a tener que construir una nueva biología. Desde que en 
los años sesenta se descifró el código genético, la biología molecular ha sido una 
ciencia cualitativa, dedicada a investigar y clasificar las moléculas de la célula como 
los zoólogos victorianos catalogaban las especies. El genoma humano marca la 
culminación de ese esfuerzo. Ahora se necesitan modelos y teorías que ayuden a lograr 
que la inmensa fortuna de datos que se han amasado cobre sentido. Incluso se ha 
llegado a cuestionar muy seriamente la concepción tradicional de la base teórica de la 
biología. En un alarde de reflexión sincera producido por el alegre suceso de la 
paternidad, Hery Gee (2000), uno de los editorialistas de Nature, escribió algo sobre lo 
que merece la pena pensar: La cuestión del origen de las especies debe tener que ver, 
fundamentalmente, con la evolución de programas embrionarios /.../ Usted puede 
buscar a Darwin para una respuesta pero buscará en vano. Darwin estudió leves 
variaciones en características externas, sugiriendo cómo esas variaciones pueden ser 
favorecidas por circunstancias externas, y extrapoló el proceso al árbol completo de la 
vida. Pero, seguramente, hay cuestiones mas profundas para preguntarse que por qué 
las polillas tienen alas más negras o más blancas, o por qué las orquídeas tienen 
pétalos de esta u otra forma. ¿Por qué las polillas tienen alas y por qué las orquídeas 
tienen pétalos? ¿Qué creó esas estructuras por primera vez? La victoria del 
Darwinismo ha sido tan completa que es un shock darse cuenta de cuan vacía es 
realmente la visión Darwiniana de la vida. La única repercusión de semejante arrebato 
fue un largo período de desaparición de sus editoriales seguido de una vuelta a los 
análisis de los descubrimientos científicos con reflexiones menos conflictivas. Pero no 
se puede evitar que los científicos que se enfrentan con honestidad a la situación en que 
se encuentra la base teórica de la Biología se expresen con claridad al respecto: La 
Biología hoy, está donde estaba la Física a principios del siglo veinte, observa José 
Onuchic, codirector del nuevo Centro de Física Biológica Teórica de la Universidad 
de California, San Diego. “Se enfrenta a una gran cantidad de hechos que necesitan 
una explicación” (Knigth, J., 2002). 
Efectivamente, esta complejidad de los fenómenos biológicos necesita una 
explicación. Y para no perdernos en la enorme cantidad de información sobre esta 
complejidad que han acumulado los distintos campos de la Biología (del desarrollo, 
ecológico, bioquímico…), puede ser ilustrativa una mirada sobre los procedentes del 
estudio del control de la información genética, porque se puede considerar el aspecto 
fundamental de la base teórica de la Biología. 
Los últimos progresos en la comprensión de la actividad de los genomas han 
derribado toda una concepción sobre la naturaleza del los genes. El mejor resumen de 
este hecho es el que nos ofrece E. Pennisi (2004) desde la revista Science: Los genes, 
piedra angular del desarrollo y funcionamiento de los organismos, no pueden explicar 
por sí solos qué hace a las vacas vacas y maíz al maíz. Los mismos genes se han 
manifestado en organismos tan diferentes como, digamos, ratón y medusa. Es más, 
nuevos hallazgos de una variedad de investigadores han puesto en claro que es el 
exquisito control por el genoma de la actividad de cada gen –y no los genes per se- lo 
que más importa. Efectivamente, los resultados del Proyecto Encode (Encyclopedia of 
DNA Elements) que, mediante la cooperación de 35 grupos de trabajo, el uso de 
potentes métodos bioinformáticos, y estudiando la actividad de 44 regiones 
seleccionadas al azar que constituyen el 1% del genoma codificante de proteínas ha 
obtenido “la mayor resolución obtenida hasta ahora” (Gerstein, M. K., et al., 2007), han 
puesto de manifiesto que los genes tienen muchas formas alternativas y un mismo gen 
puede dar lugar a proteínas distintas dependiendo de cómo se combinen las distintas 
regiones. Pero lo más determinante es cómo se controla esa información: Estas regiones 
del genoma analizadas están muy interconectadas unas con otras, mientras que la idea 
que tenían hasta el momento los científicos era que los genes estaban claramente 
delimitados. En el genoma, todo un conjunto de instrucciones dictan cómo son las 
características de los seres vivos. Los científicos no sabemos muy bien cómo leer esas 
instrucciones y qué regiones del genoma son las que realmente codifican esas 
instrucciones. Pero sí se conoce, cada día con más certeza, donde están las más 
importantes. La mayor parte del genoma tiene actividad (se podría aventurar que la 
totalidad) es decir, no está “silencioso”, lo que echa por tierra la idea de que una gran 
parte del ADN sería algo así como “basura”, sin función alguna. 
 En efecto, entre toda la inmensa maraña que constituye el control de la información 
genética, ha surgido con una gran importancia (seguramente la fundamental) la 
actividad de lo que, gracias a la “aportación” de la llamada “teoría del gen egoísta”, ha 
permanecido durante muchos años fuera del foco de interés de los genetistas (von 
Sternberg, 2002) por su consideración de “ADN basura” (más concretamente 
“chatarra”). La fracción “no codificante” del genoma, que constituye el 98,5% de la 
totalidad del genoma, está formada por “ADN intergénico”, es decir, intrones, virus 
endógenos, elementos móviles y una gran variedad de secuencias repetidas en mayor o 
menor medida entre las que se encuentran, por ejemplo, los “elementos 
ultraconservados” específicos de vertebrados, las LINE (long interpersed elements), las 
SINE (short interpersed elements) entre ellas, las ALU, elementos repetidos específicos 
de primates. En esta región del genoma se encuentra el sistema de control de la 
actividad de la fracción codificante, fundamentalmente, mediante los microARN, miles 
de moléculas de entre 21 y 25 nucleósidos cuyo origen está en las secuencias repetidas 
los elementos móviles y los virus endógenos (ver Sandín, 2005), pero también mediante 
la actividad de enhancers (“potenciadores”) ( Prabhakar et al., 2008) y de intrones, 
implicados en el splicing alternativo (Moran et al., 1995; Haugen et al., 2005) mediante 
el cual, hasta el 95% de los genes humanos pueden generar distintos transcritos (Pan et 
al., 2008). Todas estas actividades están condicionadas por el almacenamiento y 
procesamiento de información por parte del, por el momento, indescifrable proteoma 
(Gavin, A.C. et al, 2002; Ho, Y. et al. 2002), y por el estado del metaboloma (Barábasi 
y Oltvai, 2002), es decir, por las condiciones ambientales. Un ambiente, cuya influencia 
se muestra cada día más evidente en los fenómenos epigenéticos, cambios fenotípicos 
heredables (y reversibles) en la expresión génica que se producen sin un cambio en la 
secuencia del ADN, mediante la metilación del ADN, las modificaciones de cromatina o 
histonas y “saltos” de elementos móviles (Becker, P. B., 2006; Richards, E. J., 2006; 
Slotkin, K. y Martienssen, R. 2007). 
En definitiva, y como una conclusión adicional que puede resultar simplificada, pero 
sobre la que tal vez merezca la pena pensar, el concepto de “unidad de información 
genética” no tiene una existencia real. Según E. Pearson (2006): Cuanto más progresan 
nuestros conocimientos en bioquímica, más difícil es comprender qué es –si es que es 
algo- un gen. Es decir, si una secuencia génica dañada se relaciona, por ejemplo con una 
enfermedad, esto no quiere decir que esa secuencia sea la responsable directa de esa 
enfermedad (y por eso es por lo que cada día se encuentran nuevos “genes del cáncer”), 
sino parte de todo un complejo “circuito” que relaciona distintos procesos, porque la 
información genética es el producto de una gran cantidad de interacciones de una 
extremada complejidad que está condicionada por el conjunto del genoma, al cual se 
podría considerar realmente como “unidad” de información. Y se puede llegar más 
lejos: si tenemos en cuenta que esta información está condicionada, a su vez, por el 
ambiente y este puede ser variable para cada individuo ¿Cuál sería entonces esta 
“unidad de información genética”? ¿Tal vez el organismo entero? 

Fuente:
Máximo Sandín
http://www.somosbacteriasyvirus.com/

miércoles, 29 de enero de 2014

EL DE A PIE EN CANCIÓN -PREDICCIÓN SESENTOSA A LA BOLSA VERDE

De vuelta a la pista buscando un pequeño billete (greenback),
simplemente tengo que encontrar la forma o me volveré loco,
escondido por la noche, escondido por el día (out of sight).
Mirando hacia atrás, en la pista, voy a hacerlo a mi manera,
escondido por la noche, escondido por el día.
Mirando hacia atrás, en la pista, voy a hacerlo a mi manera,
mirando hacia atrás.
Buscando un poco de felicidad,
pero solo se puede encontrar soledad,
salto a la izquierda, giro a la derecha,
mirando en el piso de arriba, mirando debajo de las escaleras.
Buscando un poco de felicidad,
pero solo se puede encontrar soledad,
salto a la izquierda, giro a la derecha,
mirando en el piso de arriba, mirando debajo de las escaleras.
De vuelta a la pista buscando un pequeño billete,
simplemente tengo que encontrar la forma o me volveré loco,
escondido por la noche, escondido por el día,
de vuelta a la pista, buscando, voy a hacerlo a mi manera.
De vuelta a la pista buscando un pequeño, pequeño billete,
simplemente tengo que encontrar la forma o me volveré loco.Buscando un poco de felicidad,
pero solo se puede encontrar soledad,
salto a la izquierda, giro a la derecha,
mirando en el piso de arriba, mirando debajo de las escaleras.
Buscando un poco de felicidad,
pero solo se puede encontrar soledad,
salto a la izquierda, giro a la derecha,
mirando en el piso de arriba, mirando debajo de las escaleras.




The little green bag. George Baker


Nosotros los de a pie, cantamos esta canción. Reclamamos por esta canción. Como hijos desheredados del imperio que los patricios proxenetas imponen. Diluída por su puesto, así hay simpatía por el empome.

miércoles, 22 de enero de 2014

LO ÚLTIMO DE WASHINTONG.....

DEL NEGRO WASHINTONG:





Iban los 3 reyes magos por el desierto cuando de repente el camello de Melchor dice:
-Melchor, chupámela o no sigo.
-Dejate de joder camello, dale que no hay tiempo que perder.
-La chupás o no sigo
Ante la contingencia Melchor le pega una mamada de aquellas y siguen.
Al rato el camello de Gaspar:
-Chupámela o no sigo.
-Uy camello,¿ahora vos con esas cosas?
-Gaspar me parece que no entendiste, la mamás o no sigo.
-¡La reconchdtumadre camello puto!
-Dale o no sigoooo...
Gaspar le hace una tremenda chupada.-
Ahora si, dice el camello.
Así sucedió un par de veces, hasta que Gaspar y Melchor lo miran a Baltasar y le dicen:
-¿Che, tu camello no dice nada?
-Y no se, ¿será porque soy ventrílocuo?


-Jaimito decime una palabra que empiece con jota.
-Ayer.
-¿Y donde mierda tiene la jota?
-Ayer fue jueves.

Volcó un camión con mermelada. Parece que hay demora.

-¡Mi amor,  vamos a ser uno mas en la familia!
-¡Que bien!¿Vamos a tener un bebé?
-No, el abuelo se muda con nosotros.

Razones para sonreír:
Cada siete minutos, a alguien le tira un tendón en una práctica de aerobic.

Un periodista le pregunta a una pareja de ancianos:
-¿Como se las arreglan para estar juntos 65 años?
-nacimos en un tiempo en que si algo se rompía, se arreglaba, no se tiraba a la basura.

Un argentino le estaba pegando una cepillada padre a una minita cuando ella grita:
-¡Ay!¡Dios mío!
-Bueno, en la intimidad llamame Oscar.


El viejo va al médico.
-¿Cual es el problema abuelo?
-Verá doctor, el primero no me cuesta, pero a veces el segundo es mas difícil,
cuando llego al tercero, incluso tengo palpitaciones. Y ni digamos el cuarto, me deja totalmente agotado.
-¿Y a su edad que pretende?
-Llegar al quinto piso, que es donde vivo.

Llega a la casa el Chirola Ruggeri enfurecido, y le dice a la jermu:
-¡Negra, en la calle me gritaron gordo cornudo!
-Vas a tener que adelgasar.

Una viejita iba pasando frente a la iglesia, y se detiene al oir la voz quejumbrosa de un ciego que pedía limosna en la puerta del templo.
-¡Por el amor de dios!¡Una caridad para este in feliz que está privado del placer mas grande que los hombres pueden disfrutar!...
-¡Ay pobreciitooo!¿Está usted castradito?

A mi vecina le dio un ataque de locura.
-¿Por?
-A las tres de la mañana empezó a darse la cabeza contra la pared.
-¿Y vos que hiciste?
-Seguí tocando el trombón.

Colectivo lleno de viejos.
En gira por las cataratas para gente de la tercera edad, una viejecita le toca el hombra al chofer y le brinda un puñado de maníes sin cáscara.
El chofer (Ricardito, el tucu) soprendido le da las gracias y se los come con agrado.
10 minutos después, la abuelita repite la acción, y el chofer repite el agradecimiento.
10 minutos mas tarde vuelta la vieja con los maníes.
-Dígame abuela,es muy gentil de su parte atiborrarme de maníes, pero ¿no cree que a lo mejor, sus cuarenta amigos y amigas querrán también un poco?
-¡No se preocupe joven, no tenemos dientes para masticarlos y solo chupamos el chocolate que los recubre!

Una señorita putísima va al ginecólogo:
-¿Ud tiene fuertes pérdidas durante el período menstrual?
-De dos a cuatro lucas.

Recientemente leí que el amor es una cuestión puramente química.
Debe ser por eso que mi mujer me trata como si fuera un desecho tóxico.

-¡Adán!¿Donde mierda aprndiste estas cosas?
-De puro intuitivo nomás.

Un profesor de medicina forense está dando la primera lección a sus alumnos en la morgue frente a un cadáver:
-"Para hacer una autopsia, hay dos elementosbásicos, el primero no tener ninguna repugnancia"
         Acto seguido el profe le mete el dedo al muerto en el culo y se lo chupa.
         A continuación le pide a los alumnos que hagan lo mismo, y estos medio temerosos hacen de tripa corazón y le dan para adelante y hacen lo mismo.
        Cuando ya todos los alumnos han terminado de chuparse el dedo con asco, el profesor sigue:
-"El segundo elemento fundamental, es un sentido muy agudo de observación, yo metí el dedo anular pero me chupé el índice"

Soy un asesino en serie.
-¿En serio?
-No, en serie.

Matrimonio con hijos gemelos de tres años.
Uno hablaba y el otro no.
Se va el padre solo con uno de los gemelos
 al extranjero buscando una cura porque no alcanzaba la guita para toda la familia.
Durante el viaje en el avión el pendejo va sentado al lado de un chabón insoportable que lo hostigaba con pellizcos de cachetes y huevadas por el estilo hasta que el pibe hinchado los huevos le dice.
-¡Pelotudo no molestés!
-¡Hijo al fin hablás!
         Al toque le habla por celu a la mujer:
-¡Vieja, el nene habla, dijo pelotudo!
-¿Pelotudo?¡Pero claro, pelotudo, pelotuuudoooo, te llevaste el que habla!

¿Adonde van las hormigas pasando el jardín?
A la primaria.

Llega Marcelito Fernández con tremendo minón (20-23 años) a la joyería "Escarísimo".
Juntos eligen un gargantilla para la dama de diamantes engarzados en platino, 55mil dólares.
Marcelo pela la chequera y rubrica el petardo, lo corta con parsimonia y se lo entrega al vendedor; viendo la cara de desconfiado del vendedor Marcelo le dice:
-Vamos a hacer lo siguiente, como hoy es viernes y el banco ya cerró, quedesé con el cheque, yo entiendo que ud desconfíe porque no me conoce, el lunes ni bien cobre el cheque entreguelé la joya a la dama.
El vendedor tranquilizado, el lunes va a cobrar el cheque y rebota duramente, cuenta cerrada y chequera robada.Volvía pensando"al menos no me llevó la gargantilla" cuando recibe un llamado al celu, era el Marce que le dice "rompé el cheque, ya me cepillé a la rubia, gracias por la colaboración".


domingo, 19 de enero de 2014

EL SESGO A LA IZQUIERDA AL RECONOCER UN ROSTRO


sesg1Mirá estas cuatro caras e identificá si son de hombre o de mujer. Tomate tu tiempo, será poco, pues este ejercicio es muy fácil para tu cerebro,todo un especialista en esta tarea. Si ya tenés la respuesta, fijate mejor en las dos caras de arriba. Son caras quiméricas, como la del Barón Ashura de Mazinger Z. Ambas caras son resultado de mezclar la mitad izquierda y la mitad derecha de dos caras de hombre y de mujer, ajustando el color y la textura.Por tanto, ni son de hombre, ni son de mujer.
Tu cerebro te ha engañado. Comprobalo tapando con la mano la mitad izquierda y la mitad derecha de estos rostros. Si has pensado que la cara de arriba a la izquierda es de hombre y la de arriba a la derecha es de mujer es que has usado el lado izquierdo de estos rostros para determinar su género.
Muchos estudios experimentales afirman que reconocemos las caras con un sesgo a la izquierda (desde el punto de vista del observador, es decir, en la parte derecha del rostro observado). Este sesgo ha sido demostrado en humanos desde los 6 meses hasta la edad adulta, en macacos Rhesus y en perros domésticos cuando se muestran imágenes de rostros humanos, caras de monos e incluso pareidolias con objetos inanimados. Los estudios con seguimiento ocular (eye tracking) confirman este resultado: al mirar un rostro pasamos más tiempo contemplando su lado izquierdo.
¿Por qué existe el sesgo a la izquierda al reconocer rostros? La respuesta más obvia es que el reconocimiento de caras se realiza en el hemisferio derecho del cerebro, el llamado sesgo perceptual (PB del inglés Perceptual Bias). Sin embargo, los estudios realizados con enfermos con lesiones en el encéfalo indican que se requiere la participación de ambos hemisferios, aunque el único que parece indispensable es el hemisferio derecho. Otra posibilidad es que el sistema oculomotor, los músculos que mueven los ojos para dirigir la mirada a cierto punto, tienen un sesgo hacia la izquierda, el llamado sesgo de mirada (GB del inglés Gaze Bias). También se han propuesto otras explicaciones.
 ¿Influye el primer lugar de la cara en el que se fija la atención? ¿Cómo influye en los resultados el cansancio al repetir el experimento muchas veces con la misma persona? ¿Qué relación causa/efecto hay entre PB y GB? Diseñar experimentos fiables para decidir si PB es causa de GB, o GB es causa de PB, o ambos tienen una causa común, o incluso si no hay ninguna relación entre ellos, no es tarea fácil.
sesg2
Un reto:
 Diseñar un experimento para determinar cómo influye la posición del primer lugar de la cara en el que una persona fija su atención (cómo influye en determinar el género del rostro). Pensá un poco, ¿qué hacés para lograr que una persona mire por primera vez un rostro en un punto concreto? Puntos como los coloreados en esta imagen de un rostro femenino. Recordá que tiene que ser un procedimiento repetible y que debés de ser capaz de justificar la fiabilidad de tu método.
Todo esto viene a colación porque he leído un artículo de  la psicóloga experimental Hélène Samson (Universidad de París V René Descartes) publicado en la revista PLoS ONE [1], del que he extraído estas figuras. El artículo presenta varios experimentos realizados a un grupo de 32 jóvenes estudiantes de su universidad, 16 hombres y 16 mujeres. Se les ha presentado en una pantalla  64 caras neutras de una base de datos disponible en la web [2], tanto caras normales, como caras quiméricas. Los autores han usado un sistema de seguimiento de ojos para estudiar los movimientos oculares sacádicos (cómo se mueven los ojos cuando miramos una escena buscando características interesantes en ella).
¿Ya has diseñado el experimento que  he propuesto? Mi entras seguís pensando un poco más, te comentaré que la primera fase del experimento debe ser comprobar que los sujetos son buenos reconociendo caras. En el artículo [1] la prueba fue superada con un porcentaje de aciertos del 76% (±5,35%), bien alejado de un resultado al azar (50%).
No te hago pensar más. Samson y sus colegas resolvieron el problema pidiendo a los sujetos que miren fijamente a una cruz en una pantalla en negro y presentado un poco más tarde la imagen con el rostro de tal forma que el punto de la imagen que queremos que mire el sujeto esté colocado en la posición donde estaba la cruz. Hicieron experimentos centrando el rostro en la posición de la cruz, desplazándolo hacia arriba, hacia abajo, hacia la derecha o hacia la izquierda.
Además, el rostro fue mostrado durante un tiempo corto, tanto fijo (0,15 segundos), experimento en modo Fixation, como variable, lo que dure el primer movimiento sacádico del sujeto, modo Saccade. Tras este tiempo el rostro desaparece y el sujeto tiene que pulsar un botón si el rostro le pareció de mujer y otro si le pareció de hombre.
ses3En la figura presenta los porcentajes de acierto según la posición de la cara respecto al punto en el que se fija la vista. El porcentaje es más alto cuando se permite acabar el primer movimiento sacádico  que cuando se expone la imagen durante un tiempo fijo. También es mayor cuando la cara se desplaza hacia la izquierda o hacia la derecha, siendo el peor caso cuando la imagen se desplaza hacia arriba (esto significa tener la vista fijada en la zona de las fosas nasales).
¿Te parecen razonables estos resultados? No quiero discutir en detalle las conclusiones del artículo de Samson y sus colegas, mi objetivo es ilustrar que los experimentos en ciencias sociales suelen ser más difíciles de diseñar que los experimentos en ciencias puras. Por ello, muchos estudios obtienen resultados contradictorios entre sí, incluso cuando se repite un experimento ya realizado para utilizarlo como base para nuevos experimentos.
Para más inri, los experimentos en ciencias sociales tienen múltiples interpretaciones en conflicto y diferentes investigadores pueden afirmar que apoyan sus hipótesis incluso cuando estas son contradictorias. Esto también pasa en ciencias puras, pero mucho menos. A veces nos sentimos retratados en los resultados de estos experimentos, como cuando vemos una telenovela, pero no nos debemos dejar engañar. Luchar contra los sesgos cognitivos en la interpretación de los experimentos en ciencias sociales es mucho más difícil que en ciencias puras.
No quiero acabar sin resumir las conclusiones del trabajo de Samson y sus colegas. Su estudio pretende determinar si existe alguna relación entre el sesgo perceptual y el sesgo de mirada en el reconocimiento del género de rostros. La conclusión de su artículo de 18 páginas es que no se ha observado ninguna relación reseñable, salvo que influye el sujeto. Ello no quita que te recomiende leer el artículo y que te rete a rediseñar los experimentos que presenta.
¿Por qué  hablo de un artículo cuyas conclusiones no parece que merezcan ser noticia? Porque los nuevos resultados contradicen muchos resultados previos, estudios que han publicado relaciones de todo tipo. En mi opinión el nuevo artículo nos muestra la esencia de los experimentos en ciencias sociales: diseñar el experimento para que sea repetible y sus conclusiones sean firmes.
Tendemos a olvidar lo difícil que es concebir experimentos en ciencias sociales. Difícil, pero también apasionante.No olvidar a Milgram.
Esta anotación ha sido realizada por Francisco R Villatoro (@emulenews) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.
Referencias.
[1] Samson H, Fiori-Duharcourt N, Doré-Mazars K, Lemoine C, Vergilino-Perez D (2014), “Perceptual and Gaze Biases during Face Processing: Related or Not?,”PLoS ONE 9(1): e85746. DOI:10.1371/journal.pone.0085746
[2] Stimuli Face Database, UT Dallas. http://agingmind.utdallas.edu/stimuli
Revoleado por:
http://culturacientifica.com/2014/01/17/el-sesgo-la-izquierda-al-reconocer-un-rostro/

viernes, 17 de enero de 2014

CON GANAS Y UNA AYUDITA DE MIS AMIGOS....

Un adolescente inventa un test de detección del cáncer de páncreas

Con apenas 15 años, ha encontrado un método para el diagnóstico precoz de un tumor con alta mortalidad


Jack Andraka.
Jack Andraka. 
El adolescente estadounidense que inventó un método de detección del cáncer de páncreas con 15 años,Jack Andraka, reclama libre acceso a las publicaciones científicas para "democratizar" el conocimiento y que jóvenes investigadores como él estén al corriente de los últimos avances.
En una entrevista con Efe, Andraka, que expuso en "Demand Solutions", unas jornadas de innovación organizadas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington, cómo creó la prueba del cáncer pancreático, asegura también que la ciencia "es una de las mejores inversiones que se puede hacer".
Un año después de la invención que le llevó a la fama, Andraka, a los 16 años, ha cambiado las aulas por los laboratorios de investigación, ha fundado su propia empresa, Andraka Techonologies, que preside, y está a la espera de conseguir la patente definitiva de su test de detección del cáncer.
"Los artículos científicos son muy necesarios, son esenciales para llevar a cabo la investigación científica porque, sin saber, no puedes investigar", afirma Andraka.
El precoz investigador considera que, si todo el mundo pudiera acceder a las revistas científicas, "se democratizaría la innovación, que estaría abierta a 7.000 millones de personas, en lugar de a los 5,6 millones que ahora pueden investigar".
"Si pensamos en la música, hay canciones que cuestan 99 centavos. Los artículos científicos deberían costar eso o menos, porque no necesitamos a gente interesada en la cultura pop, eso no va a salvar el mundo, necesitamos a gente interesada en la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas", razona Andraka.
Para desarrollar su método, el joven pasó unas vacaciones de verano recabando información y durante ese tiempo únicamente pudo consultar publicaciones médicas especializadas de libre acceso a través de internet, aunque reconoce que empezó "buscando en Google y Wikipedia, como haría cualquier adolescente".
Pese a que la ciencia le viene de familia (su madre es anestesista y su padre, ingeniero civil) y desde los tres años ha intentado hacer descubrimientos, Andraka se lanzó a crear un método de detección del cáncer de páncreas tras la muerte de un amigo de la familia causada por esta enfermedad.
"Su cáncer había sido diagnosticado demasiado tarde", lamenta Andraka, quien, acto seguido, averiguó que "las pruebas que había costaban 800 dólares, que se les escapaban el 30 % de los casos y que no habían sido actualizadas en 6 décadas", recuerda.
Ante este escenario, Andraka buscó una solución y, después de meses de trabajo, creó un sistema para descubrir el cáncer que emplea nanotubos de carbono y funciona como el control del nivel de glucosa que se realizan los diabéticos, con una gota de sangre.
Los nanotubos atraen los anticuerpos indicadores de que se está padeciendo la enfermedad y, si éstos se encuentran en la sangre, cambia la conductividad eléctrica de los nanotubos, algo que se puede medir y, por tanto, localizar la enfermedad en una etapa temprana, cuando los tratamientos son más eficaces.
"Es increíblemente sencillo -insiste Andraka-, sólo cuesta tres centavos y lleva cinco minutos hacerlo. Pero es 160 veces más rápido, más de 26.000 veces más barato y casi 400 veces más efectivo".

Caja de Peltri:
http://www.lne.es/vida-y-estilo/salud/2013/11/25/adolescente-inventa-test-deteccion-cancer/1505140.html
La Farmafia chocha de la vida!!!!