jueves, 1 de diciembre de 2016

LA AUTOESTIMA DEL ESPERMATOZOIDE

Reniego del concepto "violencia de género" por la carga en un solo sentido y en una especie de partición del fenómeno de la violencia, así como la carga abstracta dada a la "violencia en el fútbol"; es una sutileza para tapar la escencia de la violencia. No obstante después de leer un post español sobre el tema, me parece buena idea compartirlo, pues el abordaje va en busca de la raíz del tema. Aquí el post (los comentarios no tienen desperdicio):

Hace bien poco que una compañera, un tanto escandalizada, nos contaba a unos pocos profesionales las conclusiones de unos ejercicios que realizó en un conjunto de Institutos de Secundaria, a lo largo del territorio nacional. Enmarcados en una intervención sobre el tema de la identidad de género, una de sus partes consistía en que las chicas adjetivaran lo que pensaban de ellas mismas y a su vez sobre los chicos, y estos procedieran de la misma manera. El resultado fue uniforme en todos los centros con los que trabajó, en los que pulsó la opinión de una muestra de unos dos mil alumnos, en edades comprendidas entre los 14 y los 15 años.
Sus conclusiones indicaban una tendencia marcada hacia opiniones en que las chicas tenían un alto concepto de si mismas –autoconcepto– y un bajo concepto de los chicos. Y sorprendía aún más como los chicos corroboraban esa misma idea cuando eran ellos quienes opinaban, expresando y reproduciendo las mismas opiniones que aquellas. La resultante era muy clara, reflejando virtudes en las chicas y defectos en los chicos.
En el nivel actual de evolución de la ciudadanía, la adjetivación se convierte con facilidad en sustantivación, considerando que los comportamientos y las cualidades son en realidad condiciones intrínsecas, fijas e inmutables, que identifican definitivamente a los sujetos a los que refieren. Es decir, los chicos son torpes, brutos, egoístas, insensibles e impulsivos; y las chicas, empáticas, reflexivas, colaboradoras y generosas. Igualmente nos indicaba la compañera, que en los alumnos había un cierto aire de vergüenza en el reconocimiento de los atributos designados, al tiempo que en las alumnas lo había de autoafirmación, e incluso de cierta exaltación. En la dirección cruzada, ellos expresaban admiración e impotencia hacia el otro género, y en ellas acusación y cierta rabia hacia ellos.
Quizá sea conveniente destacar, que es en la adolescencia cuando un individuo es capaz de contemplar y contemplarse en su dimensión completa por primera vez, pudiendo acercarse a la globalidad de lo que un ser humano es, aunque quede aún muy lejos la totalidad de su desarrollo, si es que llega a haberlo en algún momento, por lo que sus opiniones son el poso de las ideas en las que han sido educados y el germen de las posteriores que regirán en sus propias vidas. Sobre todo por lo primero, son un buen termómetro de las características de los flujos de ideas que con respecto al género están presentes en nuestra sociedad, y de ellas se pueden hacer interesantes deducciones.
Lo más obvio que se puede rescatar de lo vertido es la buena consideración -autoimagen- que en la actualidad se tiene sobre las mujeres en general, al unísono con la imagen negativa que hay sobre los hombres a grandes rasgos. No sería lógico que una mujer no se apoye en esa buena consideración, que la rescata del ninguneo con el que una sociedad patriarcal las trata. Aunque no está tan claro que se haga en el sentido contrario respecto a los hombres, cargándolos de atributos que reflejan su peor parte.
Cuando una imagen sobre uno mismo, ya sea propia o ajena, se hace en términos de balanza; es decir, que necesariamente debe haber una superioridad equiparable a la inferioridad del otro, denota la pobreza de la contemplación simplista y maniquea de las bienintencionadas y equívocas formas en las que se trata el tema de género, considerando que la alabanza de un atributo debe significar por sistema la crítica a su opuesto, y no su complementariedad, su complementación o un acercamiento a la completa totalidad.
Como sucede en términos individuales, en los que siempre hay claro-oscuros, virtudes y defectos, bondades y maldades, atributos bien o mal manejados, cuando se habla de categorías de género habrá aspectos positivos y negativos sobre los comportamientos que realiza cada parte, no siendo aceptable que los positivos se atribuyan a una de esas partes y viceversa. Si en algo se sustenta la repugnancia ideológica que supone el pensamiento machista –en el caso de que un machista piense– es en sesgar la visión siempre en una misma dirección, de forma que lo que piensa, siente y hace el hombre es lo correcto, y en el prejuicio que lo que hace la mujer solo lo es cuando da la razón a este.
Otra conclusión de lo expuesto es como, en pleno proceso de vivencia de la sexuación, ambas partes hacen una marcada diferenciación entre unas y otros, negando tácitamente la indiferenciación que suponen las igualaciones. La facilidad con la que verbalizan el discurso de las chicas y los chicos, indica lo próximo que les resulta esta terminología y la marcada sensibilidad que demuestran hacia esas realidades. Convendría revisar los discursos sobre el sexismo, pues si anulan la diferenciación que conlleva, pretendiendo eliminar la desgraciada discriminación, puede que ese camino solo conduzca a un pobre autoconocimiento, y al desprecio en el reconocimiento del otro. Algo así puede estar sucediendo cuando los chicos indican una mala imagen de si mismos, y las chicas lo corroboran.
Un aspecto de lo referido son las dificultades para establecer opiniones críticas y autocríticas entre los adolescentes respecto de ellos mismos, pues suelen verter sus opiniones en términos defensivos o acusativos, pero pocas veces reflexivos en torno a cuestiones de género. Vuelve a ser un reflejo del carácter eminentemente emocional de las relaciones que establecen, y de las importantes dificultades para manejarse adecuadamente en ese ámbito, en el que tan fácilmente caben las acusaciones, las recriminaciones, los rechazos, las autoafirmaciones y las ofensas, paso previo a las afrentas, los conflictos y la crispación que domina ese ámbito.
Algunos estudios ya han puesto el acento en la relación entre conductas no extremas de la violencia de género y los problemas en el desarrollo emocional en los escenarios en los que las relaciones de género se producen, donde se pone en evidencia la pobreza de recursos personales de carácter emocional que denotan los agresores. Cierto es que lo que inicialmente no es sino una importante carencia de desarrollo individual, luego se convierte en el eje vertebrador de las relaciones, entre las que destacan el fanatismo gregario en las relaciones grupales y de iguales, y el carácter discriminador entre los géneros. Al respecto, hay un serio debate entre los profesionales sobre los diferentes tipos de agresividad que se dan entre ellos.
Y además, cabe preguntarse sobre el machismo si ¿No será que ante una manifiesta inferioridad emocional, en una sociedad que cada vez demanda más capacidad de desarrollo personal y autocontrol, algunos hombres piensan que nada mejor que aprovecharse de la tendencia hacia la afectividad de algunas, para hacerse pasar por lo que no son?
Puestos a relacionar estas evidencias, se puede permitir la licencia de generalizar la baja percepción que los chicos tienen de si mismos a un buen porcentaje de la totalidad del género masculino, e igualmente relacionarlo con la manifiesta pobreza que se detecta en los análisis de la calidad espermática de los varones, donde esos seres unicelulares parecen no saber dónde ir, ni tienen fuerzas para lograrlo, ni son capaces de ponerse de acuerdo para impulsarse unos a otros.
Está muy bien que se combata de manera firme y contundente la violencia que los hombres ejercen sobre las mujeres, y que se destinen todos los recursos públicos necesarios para paliarla cuando se da, y para prevenirla en el futuro, y convendría plantearse si la manera en que nos pensamos, sentimos y nos relacionamos los géneros debe asentarse sobre la base de estar “en pie de guerra”.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

“LAS FARMACÉUTICAS IMPIDEN EL DESARROLLO DE NUEVAS TERAPIAS CONTRA EL CÁNCER”

lunes, 3 de octubre de 2016

ILUSIÓN POLÍTICA


“La ilusión política en su sentido más amplio, proviene del juicio erróneo de las masas sociales en cuanto a los fines del Estado y los efectos de su actividad.”
                                                                                                                             Amilcare Puviani
La cuestión sería: ¿para qué sirve el Estado? o, dicho de otra forma, ¿qué se entiende desde la ciudadanía como tal y qué se espera de él? Es más, yo extendería las preguntas a aquellos dedicados “profesionalmente” a la política a lo largo de sus vidas y a las muchas otras personas que están ligadas a la política de manera más o menos directa. Probablemente nos encontraríamos con respuestas bien diferentes y concepciones del “Estado” equivocadas.
El “Estado” (también en su sentido más amplio), ha sido tema de múltiples obras en el campo de la Filosofía Política, el Constitucionalismo o el Derecho Político. Desde los clásicos como Cicerón: “…es una multitud de hombres ligados por la comunidad del derecho y de la utilidad para el bienestar común” o San Agustín: “… es una reunión de hombres dotados de razón y enlazados en virtud de la común participación de las cosas que aman” a los más actuales en el tiempo como Kant: “…es una variedad de hombres bajo leyes jurídicas” o Lasalle: “…es la gran asociación de las clases pobres” o Hegel: “…es la conciencia de un pueblo” a las más modernas como Weber: “…es la coacción legítima y específica”  o Buntschli: “… es la personificación de un pueblo”, nos encontramos ante muy distintas visiones de lo que puede ser y significar la palabra “Estado”.
Lo mismo nos ocurrirá si tratamos de saber el significado de las palabras “política” o “democracia”. De ellas podemos tener cada uno una cierta idea, pero eso no significa que haya un consenso social sobre qué son y para qué sirven en realidad más allá de su traducción del original. De su aplicación en la práctica hay mucho que hablar.
Si entendemos la palabra “política” en su acepción original, estamos sin duda refiriéndonos a “convivencia ordenada de una sociedad” desde patrones o modelos ideológicos que, al final, no defienden intereses comunes, sino intereses parciales o sectoriales de todo tipo. Al final, la conciliación de tales intereses, nos llevaría al consenso social mayoritario sobre la ordenación de tal convivencia. Una idea quizás demasiado simplista que entiende la “política” como servicio, pero no la “política” como poder sobre los demás (que es en definitiva lo que más importa, al parecer).
El cómo puede ejercerse ese poder sobre los demás, nos lleva de nuevo a la “ilusión” que es necesario crear en las masas (masas son votos) para, en un concurso “ilusorio” de líderes, programas, propuestas y gestos dedicados a “ilusionar” a los votantes, hacerse con el “poder” preeminente y dominante en una sociedad, en un estado. Es en ese momento donde la “ilusión” política va a manejar todos los resortes y medios a su alcance para “seducir” (es la palabra de moda) a un público muy diferente en su clasificación social, cultural, económica y política.
La “seducción” además suele estar acompañada de promesas de todo tipo (la mayor parte “ilusorias” ya que parten de la ignorancia real de lo que prometen y son simples catálogos de “buenas intenciones” o, por el contrario, conociendo la imposibilidad de llevarlas a cabo, tienden a la ocultación de la realidad), que provocan en las masas la “ilusión” de que sus exigencias “personales” o individuales, serán satisfechas. De esta forma, el sentido de la “soberanía popular” en el Estado moderno se sustituye por la “sumisión” popular a una abstracción teórica de quienes pueden otorgarles beneficios: a la “ilusión” de unos “ilusos” por promesas “ilusorias”, olvidando que el verdadero poder para la transformación social depende solo de cada uno de nosotros y del colectivo general de ciudadanos.
De nuevo, el prestidigitador, ayudado por toda la parafernalia de medios y recursos puestos a su alcance, hace ver lo que no existe y oculta lo que existe. En palabras de Maquiavelo: “… los hombres cambian de señor, creyendo mejorar, con lo que se engañan….” Se engañan en tanto en cuanto siguen sometidos a “señores”, en lugar de ser ellos quienes les pidan cuentas, controlen sus actos y pidan responsabilidades, ya que, en un nuevo ejercicio “ilusorio”, nos hacen creer en unas instituciones que, en la realidad, se controlan por quienes toman el poder en cada legislatura.  Un poder por el que lucharán con vistas al mantenimiento del mismo, con todo tipo de armas como los presupuestos públicos o las leyes (armas que les proporcionamos nosotros). Las clientelas políticas se logran con “ilusiones” para unos, pero también con “realidades” materiales para otros. Miles de cargos, funciones, subvenciones, contrataciones, privilegios legales, etc. se ponen en marcha con cada campaña electoral y nosotros, los verdaderos dueños de esta empresa que se llama “Estado”, les sufragamos los gastos de la “ilusión financiera” que nos ofrecen y permitimos la acción coercitiva de los administradores cuando las maniobras de “seducción” no engañan.
De esta forma, cada resultado de campaña electoral crea un cambio de “ilusión” política que permite a la clase dominante (sea cual fuere), seguir manteniendo el “status” de siempre, apoyada por unos “ilusos” optimistas y criticada por los “ilusos” pesimistas del bando perdedor. Nadie parece advertir que unos y otros, como a finales de la 2ª G.M., se están repartiendo la torta sin que el “soberano” real, esa otra ficción surgida de la Revolución Francesa, tenga otra cosa que migajas sobrantes, como esas 
palomas y gorriones que en las terrazas de las plazas públicas, esperan lo que arrojan los comensales para pelear por ellas. En todo caso “….la “ilusión” por la disolución de las viejas creencias y la formación de otras nuevas, no significa la destrucción total de la vieja urdimbre, sino que ésta, en su mayor parte, permanece intacta y puesta al servicio de los nuevos gobernantes y, tanto en el campo político, como en el financiero, encontramos un extraño juego de luces y sombras que ocultan la verdad”  (Puviani). Es trabajo para los “ilusionistas” o “prestidigitadores”.


sábado, 1 de octubre de 2016

BUENOS MODALES

La Real Academia dice que los modales son las acciones externas de cada persona con que se hace notar y se singulariza entre las demás. 
Estas acciones externas, ajustadas a protocolos establecidos por las clases dominantes, son sólo eso: Acciones externas. A veces coinciden con lo interno del ser humano. A veces no. Y esta dualidad, tarde o temprano se nota. Cuando la cáscara no coincide con el fruto salta a la vista lo falso. Es obvio que es preferible la sinceridad antes que la afectación. Si bien "lo cortés no quita lo valiente" lo opaca. Y cuando el "parecer" está a la par o por encima del "ser" las cosas no andan bien.
Además, los buenos modales solo son vecinos de la instrucción, la educación, la cultura, el nivel intelectual, valores estos que sí son importantes. Y cabe recordar que muchos vecinos ni se saludan algunas veces. Ni hablar de la sabiduría que, con suerte, vive en algún barrio aledaño. 
Para que se entienda va un ejemplo simple y cotidiano:
Una persona sube a un taxi, le indica el destino del viaje al taxista y cierra la frase con un "por favor". Esta pretensión de buenos modales no es más que una sobreactuación, ya que el taxista no lleva pasajeros por favor. Los favores no se cobran y el taxista va a cobrar el viaje apenas este finalice. La frase "por favor" es correcta si uno está sentado a una mesa y no alcanza algo, entonces solicita a su vecino de silla: "¿me alcanzás la sal, por favor?". Por supuesto que no le van a cobrar por alcanzarle la sal. (Podía haber dicho cloruro de sodio para no reiterarme) Volviendo al taxi, lo correcto, antes de pedir por favor el viaje, sería saludar, cosa que mucha gente, aun entre los que piden por favor, no hace. Mejor aun, ya que sería un gesto de consideración con el taxista, sería tener cambio. Y, ni hablar, si al bajar se trata la puerta del taxi con el mismo cuidado que se pone para tratar la del auto propio. Para seguir pintando el cuadro, sería bueno no molestar al taxista pidiéndole que ponga tal o cual programa de radio cuando de esa manera se le está haciendo perder el que venía escuchando antes de que usted subiera, no hundirle el asiento con sus rodillas, cuidar que sus hijos no lo molesten, y hay varios etcéteras. Pregúntesele a los taxistas si prefiere que le pidan el viaje por favor mientras le faltan el respeto todo el resto del tiempo o que lo respeten aunque no le digan "por favor". Ustedes y yo sabemos que el cien por cien preferirá lo segundo.
Y es que los modales, como decía al principio, son la cáscara impuesta por las clases dominantes. Es el dueño del campo que lo dice "Don" al capataz de su estancia antes de pronunciar su nombre. Y ese "Don" es condescendiente. Igual que el "por favor" del taxi. Es un modo de hacer notar que uno manda y otro obedece. Hacer ver la diferencia de posición en la sociedad. Y aun cuando se está entre "pares", no es más que una competencia para ver quien tiene mejores modales, quien conoce mas el protocolo a la hora de almorzar, de ingresar a una reunión, de ir al teatro, etc. No está mal, (o si) pero es solo cáscara. 
Mejor sería tener instrucción, de modo de conocer algunas cuestiones básicas, especialmente en la relación humana. Tener educación, lo que nos llevará a no hacerle al otro lo que no nos gusta que nos hagan a nosotros. Tener cultura, con lo cual, sin dudas, tendremos ubicuidad, conocimientos, tino... Tener sabiduría para no situarnos NUNCA por encima de otro ser humano, para tener comprensión en lugar de tolerancia. Tolerar es tener "buenos modales" para soportar al otro. Es colocarse en una posición de superioridad. Comprender es tener conocimientos para advertir por qué el otro tiene determinada conducta. No es lo mismo. 
Aquel que solo privilegia la cáscara, considera al otro exclusivamente por el "qué dirán". En cambio, el que se preocupa más por ser que por parecer, considera al otro porque sabe que es su prójimo.
Prefiero al que tiene cultura, al que sabe diferenciar a Borges de Neruda, al que puede sostener un diálogo ideológico abierto con fundamento por el tiempo que sea necesario, al que puede hablar de filosofía con soltura, al que comparte un mate sin sentir asco, al que puede levantar una pared de ladrillos con sus manos, al que todos los días le da un beso a su hijo, al que disfruta de la belleza de la música, al que sabe de la vida, de la pobreza y de la injusticia. No importa si no es gerente de una empresa. No importa si pide por favor. No pasa por ahí. Prefiero al que me aprecia, aunque alguna vez me insulte, antes que al que me trata bien sin tener ganas de hacerlo. 
Alguien que tan solo tiene buenos modales (y ni siquiera los acompaña con un uso elegante del idioma, lo cual desnuda más aun, por si hiciera falta, el carácter de cáscara de esos "buenos modales") no puede caerle bien a nadie que tenga dos neuronas que estén conectadas entre si.
Alguien que trabajó, aunque más no sea un año de albañil, no convalidaría que un albañil gane 10 pesos si la canasta familiar es de 20. No diría, (con buenos modales) que los datos sobre la pobreza golpean. La combatiría en lugar de decir (con buenos modales) que la pobreza cero no se puede alcanzar en cuatro años. Que hay que esperar, y seguir siendo pobre.
Cuando lo único que hay son buenos modales y no se considera al otro, lo que hay es hipocresía.
ME TIENEN PODRIDO LOS BUENOS MODALES. El sueldo de Mauricio Macri aumentó un 31% en 2016

jueves, 29 de septiembre de 2016

DECÍ QUE ES PELOTUDO, PERO, ¿QUE PASARÍA SI EL IMBÉCIL LLEGARA A LEER LA PROPOSICIÓN DE JONATHAN SWIFT?¿O YA LA LEYÓ?





Una modesta proposición:

Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean

una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público

[Sátira - Texto completo.]
Jonathan Swift
Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.
Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.
Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.
Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.
Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.
El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.
Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.
Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.
Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.
Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.
He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.
Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.
Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.
Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.
Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.
En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.
Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.
Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.
Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.
He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.
En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.
Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.
Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.
Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.
Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.
Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.
Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.
Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.
No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.
Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.
Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.
Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.

A Modest Proposal, 1729

jueves, 8 de septiembre de 2016

PERSONAS MODELICAS

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Calvino tenía una profunda desconfianza hacia la música. Entre otras lindezas afirmó: “Al igual que el vino se vierte con el embudo en el barril, con la melodía se filtran el veneno y la corrupción hasta las mayores profundidades del corazón. ¿Qué hemos de hacer, entonces? Tendremos que conseguir canciones que sean no solo rectas, sino santas, que nos inciten a rezar a Dios y alabarlo, meditar sobre sus obras, temerlo, honrarlo y glorificarlo”.
Sin embargo, para Lutero, la música tenía la máxima importancia. La consideraba un regalo de Dios y, por ello, todos los que fueran ordenados debían saber cantar y tener conocimientos musicales. El mismo Lutero tocaba varios instrumentos y compuso una serie de himnos y corales.
Esta diferente forma de pensar de los dos reformistas tuvo evidentes consecuencias: mientras que en los países de influencia luterana se instaló el respeto a la música y el cultivo de la cultura musical, lo que dio lugar al surgimiento de grandes compositores e intérpretes, en los países calvinistas se produjo el fenómeno contrario. Queda en el aire la pregunta de cuántos músicos hubieran surgido en los países calvinistas sin la demoledora influencia de los pensamientos del líder religioso.
Todavía está por estudiar cómo las ideas que nutren y soportan a los distintos modelos sociopolíticos y económicos determinan la forma de pensar, las prioridades vitales y emocionales de las personas que viven en esos modelos. En definitiva, cómo el modelo sociopolítico se inventa un determinado concepto de ser humano, que nos hace tragarnos a pies juntillas desde un sistema educativo uniformado y generalizado.
En el antiguo régimen, dominado por los dogmas religiosos, el hombre estaba adoctrinado para pensar que todo poder y la propia organización social venían legitimados por una figura divina: el poder procedía de ese Dios y lo ejercían sus vicarios en la tierra, ya fueran seculares o religiosos. Las leyes humanas y las decisiones del soberano eran necesariamente legítimas porque se inspiraban en las leyes divinas. La moral religiosa regía la vida de las sociedades y todos la acataban por convicción y/o miedo al castigo divino, ya fuera en la otra vida o en esta por mediación de los poderes divinamente instituidos.
Aparte de los desmanes, abusos y excesos cometidos por las organizaciones e instituciones eclesiales, la sociedad religiosa convencional entró en crisis cuando se percibió que sus organizaciones jerárquicas y su dogmatismo se habían convertido en carcasas vacías de toda autenticidad y alejadas del mensaje original. Además, las jerarquías llenaron el mundo de dogmas estáticos que frenaron la evolución y el progreso; obligando incluso a Galileo a renegar de sus revolucionarias ideas para suavizar su condena por herejía (“y sin embargo se mueve”).
Fue por ello inevitable el replanteamiento de todo: la tabla rasa de Descartes. Todas las certezas desaparecen y se abren todos los interrogantes. Surge la seductora posibilidad de descubrir, mediante la inteligencia, los misterios que nos rodean.
Sin embargo, el ser humano seguía necesitando unos referentes firmes y, en el nuevo modelo surgido de la Revolución francesa, la legitimidad divina es sustituida por la legitimidad racional. Muerto Dios, se divinizó la Razón, como nueva prisión de la inteligencia.
Elevada la razón a la categoría divina era “racional” que toda persona se percibiera como individuo y que se ocupara fundamentalmente de la satisfacción de sus propias necesidades o deseos. Si la razón de cada individuo es Dios, nada mejor que rendirle pleitesía colocando la satisfacción de las necesidades y deseos surgidos de esa razón en el centro de la vida de cada uno.
Los modelos económicos se elaboran a partir de la premisa de que los integrantes de la sociedad se comportan racionalmente y que ese comportamiento racional les conduce a tratar de maximizar la satisfacción de sus propios deseos y necesidades.
Este cambio de modelo conduce al ser humano individualista, utilitarista y pragmático, que cree en su propia razón y en la satisfacción de su ego. El choque de razones y deseos individuales y colectivos, convertidos en  ideologías, genera los graves conflictos que jalonan la historia de Occidente desde la Revolución Francesa y están en la base de la fuerte conflictividad que percibimos en las sociedades de nuestro entorno.
Además, la divinización de la razón supuso la caída de la moral religiosa, que mantenía la cohesión en las sociedades, limitaba el choque de deseos y necesidades individuales y reducía los conflictos. Desaparecida la moral como fuente de legitimidad de la ley, filósofos como Kant se esfuerzan en consagrar la ética como nueva ligazón de la sociedad basada en la razón. Sin embargo, el fundamento de la obediencia a la moral, en la sociedad religiosa se encontraba en la convicción o el temor al poder divino. La ética carece de ese poder intimidatorio y la razón se coloca al servicio de la satisfacción del propio interés, por lo que la imposición de la ética requiere del respaldo de un poder estatal fuerte que obligue a su cumplimiento. Con esta funcionalidad, crecen superestructuras estatales monstruosas que todo lo controlan. Ese Leviatán que caracterizó Hobbes.
La nueva concepción del ser humano surgida de la razón humana divinizada, aunque respondiera a una lógica reacción a los abusos de las instituciones religiosas, presenta no pocos inconvenientes que se encuentran en la raíz de las sucesivas crisis que venimos viviendo desde su instauración.
El nuevo modelo nos ha hecho creernos el concepto del ser humano entendido únicamente como herramienta útil para aumentar sus posesiones, su dominio y, en definitiva, su poder.
Esta concepción ha prescindido y negado elementos tan sustanciales de la naturaleza humana que han conducido al hombre moderno a una verdadera situación depresiva, como brillantemente explicaba Carlos Peiró en uno de los primeros artículos de este blog.
Así, se ha amputado la vocación hacia la felicidad a través de la búsqueda de la belleza en la perfección estética, que, con todos sus defectos, cultivó la Grecia clásica. El pseudo arte utilitarista busca, como en el resto de ámbitos de la vida, el beneficio económico que aumente el poder del autor, en lugar de tratar de hacer volar el alma y la inteligencia del espectador hacia rincones desconocidos.
La vocación científica renacentista de ir al encuentro de la felicidad mediante la aspiración de un entendimiento global del cosmos a través del progresivo crecimiento del círculo de lo conocido, ha sido suplantada por la superespecialización y la investigación útil para aumentar el dominio y el poder sobre el mundo. En consecuencia el sistema educativose ha llenado de almas en pena que sueñan con ser banqueros, en lugar de buscar la sabiduría como fuente de felicidad.
Y qué decir de la vocación anímica o espiritual del hombre, presente desde siempre como búsqueda de una realidad trascendente más allá de la pura apariencia de las cosas, y que, sin embargo, con no poco sufrimiento, ha sido suplantada por un Estado divinizado.
Para salir de la crisis endémica en la que seguimos retozando, quizá sea preciso reconocer la presencia de elementos esenciales en la naturaleza humana que han sido negados y suplantados por una única deidad. Mientras tanto ¿cuántos brillantes poetas, artistas, sabios o científicos se habrán malogrado bajo el lema utilitarista de “déjate de tonterías y lábrate un buen futuro”?

sábado, 3 de septiembre de 2016

El rugby es un deporte de contacto, sin delicadezas, pura ganas de avanzar contra el que sea, los tantos es lo de menos.
Pero tanta pasión , tanto ahínco, tanto fragor desequilibra y hace meter mano en espacios intersticios bastantes complicados:

Duendes debía disputar partidos por el Litoral de Rugby ante CRAI de Santa Fe.

Después de ver esa mano que no se ve,  y que uno de sus integrantes terminó con un paro y un kilombito en la cervix, llamaría a la reflexión para que tanto empuje no parezca el precalentamiento de una orgía multisexual; muchachos, gobierna(¿gobierna?) el globoludo pero a pesar de eso mantengamos los principios básicos tácticos y estratégicos o este deporte se va a la mierda.

lunes, 29 de agosto de 2016

SECRETOS DE AULAS VIP, los colegios donde se formó la élite de poder




Casi todo el gabinete PRO estudió en escuelas de congregaciones católicas extranjeras. La antropóloga  Victoria Gessaghi explica como funciona la red educativa de la clase alta.

"La comunidad toda del Colegio Cardenal Newman, respondiendo a Jesucristo en el llamado actual de la Iglesia Católica y el carisma del beato Edmundo Rice, fundador de la Congregación de los Christian Brothers, se compromete a acompañar a los niños y jóvenes para que logren un desarrollo armonioso como personas." Esa es la misión declarada de la institución en cuyas aulas estudió el "grupo de amigos" que hoy gobierna el país: el presidente Mauricio Macri, sus compañeros Pablo Clusellas (secretario legal y técnico) y Nicolás Caputo (empresario, principal beneficiario de la obra pública PRO) y alumnos de otras promociones, los ministros Jorge Triaca (Trabajo)Ese colegio y otros 15 o 20, nucleados en su mayoría en San Isidro, Recoleta o Belgrano, conforman desde hace décadas el exclusivo circuito educativo donde se han formado las familias “patricias” y los nuevos ricos que, vía alianzas matrimoniales o por el sólo imperio del dinero, buscan sumarse a esa élite., Alfonso Prat-Gay (Hacienda y Finanzas) y Rogelio Frigerio (Interior).
Ese colegio y otros 15 o 20, nucleados en su mayoría en San Isidro, Recoleta o Belgrano, conforman desde hace décadas el exclusivo circuito educativo donde se han formado las familias “patricias” y los nuevos ricos que, vía alianzas matrimoniales o por el sólo imperio del dinero, buscan sumarse a esa élite.
De hecho, pasando revista al Gabinete de Macri es posible inventariar buena parte de esos colegios que hoy cobran cuotas mensuales de hasta 20 mil pesos. Sobre todo, aquellas escuelas católicas fundadas por congregaciones religiosas o por docentes extranjeros que originalmente enseñaban idiomas a los hijos de la clase alta. El jefe de Gabinete Marcos Peña fue alumno del marista Champagnat (adonde estudiaron, entre otros, Fernando de la Rúa y Mariano Grondona). Esteban Bullrich, ministro de Educación, asistió al colegio Saint Leonard’s, de Vicente López. Carolina Stanley, titular de la cartera de Desarrollo Social, fue estudiante del St. Catherine’s Moorland School, que hoy tiene sedes en Belgrano R y Tortuguitas. Y Ricardo Buryaile, ministro de Agroindustria, es un orgulloso “old georgian”, egresado del St. George’s College, de Quilmes. Más exclusivo aún es la institución donde se recibió en 1991 el secretario de Comercio Miguel Braun: la Escuela Escocesa San Andrés, o St. Andrew’s, fundada en 1838.
El libro La educación de la clase alta argentina. Entre la herencia y el mérito (Siglo XXI), de la antropóloga Victoria Gessaghi, investigadora del Conicet e integrante del Núcleo de Estudios sobre Elites y Desigualdades Educativas de la Flacso, ilustra los modos en que los sectores privilegiados han desarrollado espacios propios para la educación de sus hijos, como parte de un proceso de diferenciación social que hace frente a discursos igualitaristas muyarraigados en el imaginario de los argentinos, como el de la escuela pública, laica y gratuita. “El primer signo de pertenecer es el colegio al que vas”, dice una señora de “apellido” entrevistada por Gessaghi. Estas escuelas, explica la investigadora, han funcionado y funcionan como el espacio de sociabilización interpares en el que las redes de parentesco, donde se repiten y entrelazan los apellidos de los grandes terratenientes, construyen un “espíritu” de clase y, con el tiempo, una trama que multiplica las relaciones, los recursos y los negocios. Abuelos, padres e hijos de estas familias suelen mantener la tradición y cubren con su genealogía la historia de cada uno de estos colegios. Es raro que cambien, aunque puede pasar: las hijas mayores de Mauricio Macri fueron al Northlands, donde estudió la reina Máxima Zorreguieta, pero para Antonia eligió otro colegio de la élite, el Liceo Franco-Argentino Jean Mermoz.

La educación genealógica
“Este circuito de instituciones se forma muy tempranamente –advierte Gessaghi–. De hecho, estas familias patricias, muchas de las cuales apelaban tradicionalmente a la educación domiciliaria con maestras de idiomas y desde luego a la educación religiosa, católica, abandonan la escuela pública en las primeras décadas del siglo XX, cuando la educación media comienza a democratizarse y el sistema deja de permitirles, por ejemplo, estudiar en la casa o en el colegio Salvador y luego dar exámenes libres en el Buenos Aires. Las escuelas que durante generaciones siguen eligiendo estos sectores sociales fueron fundadas, en su gran mayoría, a finales del siglo XIX, por maestras inglesas o francesas o por congregaciones religiosas. Y a la hora de elegirlas, la cuestión académica no está en el centro de la escena, sino que se privilegia lo que llaman la formación “en valores”, es decir, la religión católica y eventualmente el trabajo pastoral, pero sobre todo la centralidad de la idea de familia, que contribuye a reproducir las redes de parentesco y la trama de privilegios. Lo central es construir esas redes de sociabilidad entre pares. Para los que tienen “apellido” y una gran antigüedad dentro de ese grupo social, significa seguir perteneciendo, consolidar el tejido de relaciones, y para los “nuevos” supone la posibilidad de ingresar a esa red: los hijos y, a través de ellos, sus padres. Y el colegio, mediante un mecanismo de selección que incluye cartas de recomendación y el poder de veto de los de adentro respecto de los recién llegados, también participa de esa construcción.
–¿Te googlean la genealogía?
–No creo. Ya saben quién es la tatarabuela de quién, conocen la marca que confiere cada apellido. La permanente reconstrucción de la memoria genealógica es un elemento constitutivo de las herramientas de legitimación de este grupo social, es precisamente lo que permite acceder a ventajas de clase que no tienen otros sectores.
–El colegio sería entonces la etapa inicial de la construcción de redes que más tarde posibilitan concentrar negocios, riqueza y, eventualmente, poder.
–Bueno, es lo que posibilita que hoy tengamos un Gabinete formado por varios, dicho por ellos mismos, “amigos del colegio”. El colegio es el epicentro de esta consolidación de redes de pertenencia a un grupo selecto; el club y hasta los cursos de primera comunión refuerzan ese patrón y afianzan una red transversal entre los colegios.
–¿Cómo manejan estos grupos la tensión entre los conceptos de herencia y mérito?
–La clase alta siempre ha debido construir una idea del mérito asociada a la justificación de su lugar en la sociedad, que fue cambiando de sentido. En un principio se refería a los patricios, “aquellos que habían forjado la Patria”, luego viró hacia la profesionalización, en general de empresarios del agro que lograron reconvertir sus modos de generar riqueza. Y aunque, fruto de estas redes de las que hablábamos, los sostenes y apoyos del entramado familiar y de amistades son centrales en cualquier emprendimiento, la idea de herencia casi siempre está invisibilizada.
–¿Qué te decían de Macri tus entrevistados?
–De hecho, lo primero que escuché era que “Macri no”, que no pertenecía a la clase alta. Habría que preguntarles qué piensan ahora. En todo caso, los diez empresarios más ricos de la Argentina, que no tienen apellidos tradicionales, están en su gran mayoría vinculados con estas familias a partir de alianzas matrimoniales y lazos de parentesco.
–Macri fue al acto de La Rural a hablar de su tío materno, Jorge Blanco Villegas.
–Exactamente. Bueno, cada vez que mencionaron a Macri, era para dirimir si pertenecía o no. Los que reivindican la idea de patriciado, decían que no. Pero los que atendían más al proceso de construcción de esa pertenencia, por ejemplo a qué colegio asistió o al hecho de que su primera esposa (Ivonne Bordeu) provenía de una familia tradicional, decían que sí.
–Peña, Braun, Blaquier, Bullrich, son los nombres del llamado “patriciado” que están en el gobierno. ¿Pensás que es posible que sea su educación, tras los muros de esos colegios exclusivos, la que no les permite sentir empatía con la gente de a pie?
–A ver. Efectivamente, este es el grupo social que hoy gobierna. Señalemos primero que para las familias tradicionales, la idea de involucrarse en partidos políticos es por lo menos una novedad, algo que no había sucedido en décadas, desde la precandidatura a presidente de Robustiano Patrón Costas en los ’40. Resurge a partir del PRO, con gente formada en fundaciones y organizaciones de la sociedad civil. Nosotros nos formulamos esa pregunta: ¿de qué modo, a partir de haber accedido al manejo del Estado por la vía democrática, toman decisiones estos individuos, surgidos de esa matriz sociohistórica que describimos? Sin embargo, y de movida, tenemos que aceptar que hay algo que evidentemente supieron hacer: interpelar al 51% de la población. Nuestros supuestos sobre la construcción de hegemonía aquí no estarían funcionando.