martes, 22 de febrero de 2011

LAS RELIGIONES DEPENDEN DE QUE HAYA MUCHOS IGNORANTES


Marcelino Cereijido, notable científico y divulgador argentino, nació en Buenos Aires pero vive en México. Fue discípulo del premio Nobel Bernardo Houssay. Publicó, entre otros libros, La muerte y sus ventajas, Ciencia sin seso locura doble y La nuca de Houssay, un ensayo autobiográfico que combina erudición, humor, narración y una reflexión sobre la historia de la ciencia en Argentina. En su último libro, La ciencia como calamidad, Cereijido explica las diferencias entre un analfabeto científico del Primer y del Tercer mundo. Además, sostiene, polémico, que la sociedad occidental es dependiente de la ciencia y que, debido a la distribución desigual del conocimiento, nos encontramos al borde de la extinción.



—¿Qué es un analfabeto científico?



—Un analfabeto común es alguien incapaz de interpretar lo que dice un texto impreso y que tampoco sabe escribir. Análogamente, un analfabeto científico es incapaz de interpretar la realidad a la manera científica in recurrir a milagros, revelaciones, dogma y al principio de autoridad. Por ejemplo, para dar cuenta de por qué hay estrellas, continentes o personas, debe apelar a modelos creacionistas: los creó Dios en seis días tal y como lo describe el Génesis bíblico. No tiene conceptos de evolución cósmica ni biológica para explicarlo a la manera científica.



—¿Qué diferencias encuentra entre un analfabeto científico del Primer Mundo y uno del Tercer Mundo?



—El del Primero Mundo tiene una cultura compatible con la ciencia. En caso de problemas sanitarios, energéticos, de comunicación, bélicos, espera que su gobierno y toda su sociedad recurra a sus universidades y centros del saber para tratar de hallar soluciones. Si hay una crisis de empleo, analizará las medidas gubernamentales para promover empleo o leyes laborales. En cambio el analfabeto científico del Tercer Mundo irá a hacer cola frente a la Iglesia de San Cayetano, porque su manera de interpretar la realidad admite que este santo pueda manejar las variables industriales y económicas y le consiga trabajo. Un analfabeto científico del Primer Mundo, que puede ser un multimillonario, de pronto tiene un hijo que muere de leucemia, o tiene una esposa que se está quedando ciega, y pone dinero para una fundación que promueva y financie la investigación sobre la leucemia y la ceguera. En el tercero irá a hacerle una promesa a la Virgen de Guadalupe, o al Cristo de Chalma.



—En el epílogo de La ciencia como calamidad afirma que “un pueblo no es necesariamente dependiente por el hecho de deber dinero, sino cuando no interpreta mejor que nadie su propia realidad o, peor aún, cuando es forzado a autointerpretarse como al dominador le convenga”. ¿Podría ampliar esta afirmación?



—Si quienes mejor interpretan la realidad japonesa no fueran los japoneses, Japón sería un país subdesarrollado. Por ejemplo, los mejores egiptólogos no son egipcios, sino ingleses, franceses, alemanes. El año pasado México, país con más de 100 millones de habitantes, sufrió una epidemia de gripe. A pesar de tener excelentes virólogos, tuvo que preguntarle a los canadienses qué cepa de virus de la influenza los estaba afectando (N1H1). Análogamente, tuvo que preguntarle a los suizos qué medicamento debería tomar (Tamiflú). Estados Unidos, Alemania e Inglaterra no le preguntan a la Argentina ni a México cómo deben manejar su economía. En cambio, sí le ordenan a Argentina y a México, a veces a través del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial, como deben manejarla.



—¿Por qué la desigual distribución de la ciencia nos ha colocado al borde de la extinción?



—Hoy hay muy pocas cosas que se puedan hacer y producir sin ciencia y sin tecnología. Los nuevos automóviles, relojes, aviones, medicamentos y computadoras son diseñados en el Primer Mundo. Sólo cuando haya que mover las manos pero no resolver teoremas matemáticos o inventar circuitos, pondrán plantas maquiladoras para que las ensamblen en países del Tercer Mundo. Pero esto hace que el 90% de la ganancia de la industria de la computación quede en manos del Primer Mundo. Los países del Tercer Mundo son entonces países pobres, que no pueden tener las leyes sociales para mantener la salud pública ni la jubilación de su población. Instintivamente, los habitantes del Tercer Mundo recurren a la procreación. Un hombre de 28 años que quede incapacitado para trabajar en Finlandia sabe que el Estado lo sostendrá económica e institucionalmente por el resto de sus días. En cambio una persona igual del Tercer Mundo, sabe que irá a pedir limosnas, salvo que tenga diez hijos: dos policías, tres sirvientas, dos albañiles, un vendedor de billetes de lotería, un estacionador de coches. La población del Tercer Mundo ha crecido tanto que tala bosques y selvas, deseca y emponzoña ríos y lagos, extingue especies y se lanza a internarse como indocumentado al Primer Mundo, donde se lo trata como perro, se lo caza como a delincuente, carece de asistencia médica, tiene que soportar bajezas e indignidades, etcétera. Ciudades como Amsterdam ya son ciudades con mayoría islámica. Mediante una reforma religiosa que casi extinguió el politeísmo católico de sus territorios hace cinco o seis siglos, los países se transformaron en futuro Primer Mundo en el norte europeo. Pero ahora con las masas de analfabetos científicos indocumentados, el oscurantismo católico reingresa en el mundo anglosajón, el germano, etcétera.



—¿Por qué cree que la religión sigue siendo un modelo tan potente, con tantos adeptos, para interpretar la realidad?



—Las religiones y la ciencia no son más que productos evolutivos del conocimiento y maneras de conocer que tienen los seres humanos. Son maneras de interpretar la realidad. Ya dije que la manera de interpretar la realidad basada en modelos religiosos recurre a deidades. En cambio quienes forjaron un modelo más moderno, eficaz y menos inmoral de interpretar la realidad, que es la manera científica, tienen una eficacia muchísimo mayor para llevar a cabo todas y cada una de las tareas que necesita cumplir una sociedad moderna. Los pueblos del Tercer Mundo tienen dos dificultades para acceder al modelo científico. La primera es que no la han desarrollado su ciencia ni una cultura compatible con la ciencia, y que podríamos llamar “analfabetismo científico primario”. A la segunda podríamos llamarla “analfabetismo científico inducido”, o sea, hay entes que se esmeran porque el Tercer Mundo no acceda a modelos científicos y no religiosos. Nombraré dos tipos de analfabetismo científico inducido: para que se sigan permitiendo sus modelos arcaicos y sus perversidades, las religiones institucionalizadas dependen de que haya un número enorme de ignorantes. Por lo tanto están permanentemente tratando de infiltrar el aparato educativo para propalar su ignorancia y prejuicios. También los países del Primer Mundo buscan promover el analfabetismo científico del Tercer Mundo, porque su supremacía depende de que ellos y solo ellos tengan ciencia y les deje disfrutar el poder que ésta otorga.


                                                            Fuente
ww.lacapital.com.ar/ed_senales/2011/2/edicion_121/contenidos/noticia_5052.htm

El tipo no se cayó del catre,pero calza un pedigrí intelectual de la san puta.

2 comentarios:

Sujeto dijo...

Hola Che Moscón
Interesante. Para mi gusto, también un poco exagerado, porque hace depender todo de la "ignorancia científica", y por ahí la cosa es un poco más embrollada. Digo, Italia y España son países del primer mundo, y terriblemente católicos. No sólo eso, sino países donde la Iglesia pisa en serio. El componente protestante de la sociedad estadounidense es muy importante, y son primerísimo mundo.
Pero no puede desconocerse que lo que dice respecto al desarrollo científico/tecnológico es absolutamente válido: no sabés cómo odio que la soja sea lo que más guita genera en el país, cuando tendríamos que ampliar enormemente nuestra capacidad de fabricar satélites (cosa que hace el INVAP, y casi nadie sabe), barcos, computadoras, etc.
Creo que fue un gran acierto la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, pero hasta ver resultados, pasarán años.
De todos modos, éste es un debate que deberá darse en algún momento, cómo orientar nuestra sociedad hacia el conocimiento (lo cual no se puede hacer mucho cuando hay gente con hambre, pero si no hacemos este avance tampoco terminaremos de cortarla nunca con el ragú).
Muy buen estímulo para pensar lo que compartió, querido compañero.
Le mando un gran abrazo

Moscón dijo...

Che Sujeto:
El autor utiliza un trazo grueso en estas líneas a modo de muestra,habla de lo que trata en su último libro y calculo que las sutilezas y el hilado fino lo encontraremos en sus páginas.
Fijate que de la Europa cercana,me nombraste dos países ultracatólicos,y que precisamente no descollan por ser almácigos científicos,nuestras Universidades se parecen mas a sus Universidades,que a las inglesas o alemanas.
Y como marca el autor,los países conocedores de los secretos de la ciencia,quieren al resto en tinieblas para vendernos sus descubrimientos,y así se asocian con los oscurantistas para mantener el status qúo.
La gran astilla del palo en nuestra rueda.
Una confesión,escuchándolo a Adrián Paenza relatando el encuentro con Néstor,cuando éste le dijo"¿y como hacemos para traer a todos esos cráneos de vuelta?","dignificando su actividad"dijo Adrián,"traelos"terminó Nestor;no pude evitar emocionarme.

Te mando un Abrazo y nos seguimos leyendo.